Mi vecino del sexto, D. Fulano de tal. Opinión semanal en Valencia News de Adolfo Tena.

Mi vecino del sexto, D. Fulano de tal

Como cambia la vida y parece que a peor, Ay Dios mío! Que Calvario…

Vamos evolucionando tan deprisa, que parece que por el camino nos vamos dejando cosas y costumbres importantes. Sin ir más lejos, las buenas formas y los modales han pasado a un cuarto plano. No es ni una, ni dos veces las que el que suscribe, se ha quedado con él buenos días en el aire, sin hallar respuesta, al saludar a un vecino (casi siempre me pasa con el del sexto).

Yo, cuando era pequeño, recuerdo la vida en los portales de las fincas y las calles como si fueran un pequeño pueblo en el que todos los vecinos se conocían, ayudaban e incluso se preocupaban unos por los otros. No era extraño que algún vecino tuviera las llaves de tu casa o que el sábado en la sobremesa “pasarán” a tomar café y tener un rato de tertulia.

Por supuesto, todos los días recibías los buenos días o los dabas, por educación y cariño, a aquellas personas con las que compartías edificio o acera, era “tu pueblo” dentro de la gran ciudad, una segunda o tercera familia, a la que veías todos los días y el día que no era así, incluso te preocupabas o preguntabas por unos u otros por si había pasado algo (preocupación y cotilleo iban de la mano).

 ¿Se acuerdan de las “abuelas” sentadas en la calle? Aquello sí era el Sálvame de Luxe… con sillas de playa en las aceras, en el hueco de algún bajo… o los abuelos sentados en los poyetes de las fincas charlando de fútbol, política o lo que se terciara ese día… mientras los nietos jugando por la calle, bajo la supervisión familiar a 10 o 15 metros de distancia, si no eran más.

Incluso recuerdo vecinos cenando en la calle, compartiendo pan, vino y charla durante horas… fiestas en los rellanos para celebrar cumpleaños o fiestas señaladas… en fin, convivir.

Pues o yo me he hecho mayor y sigo anclado en aquello y me niego a evolucionar o pienso que la forma de vida de ahora en los barrios es una involución y por supuesto para mal. Yo sigo dando los buenos días a todo aquel que me cruzo en la finca, reciba respuesta o no y por supuesto en los paseos por mi Patraix del alma querida, intercambio conversaciones con vecinos y amigos que tienen a bien invertir un rato de su tiempo en mantener las relaciones personales.

Ni que decir queda, que añoro aquellos tiempos en la calle Millares y en el patio 6, donde con total seguridad puedo decir, que los vecinos se conocían, saludaban y respetaban… pero pasa la vida y tenemos lo que evolucionamos.

Termino, con su permiso, dedicando estas líneas a mi vecino del sexto, D. Fulano de tal, al que seguiré saludando en la escalera cuando pase a un metro de mi…

Por si les corroe la duda, mi vecino no es mudo.

Adolfo Tena

«Tecla a Tecla»

 

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