Fernando de Rosa: La Vara de Medir

No han pasado muchos años y recuerdo el linchamiento por parte de los socialistas contra los Populares, por los casos de corrupción en nuestra Comunitat Valenciana. Insultos, escraches, acoso mediático, porque habia que aplicar el jarabe democrático del que tanto se jacta la izquierda de administrar, siempre que ellos no sean los enfermos de corrupción. Esa es la curiosa forma de actuar del progresismo de izquierdas.

Por eso, cuando la corrupción, la gestión ineficaz o los errores llaman a la puerta de los socialistas y sus socios » la vara de medir» se hace más pequeña o es inexistente. Lo hemos visto con ocasión de la gestión de la crisis sanitaria, social y económica generada por el Covid-19, donde los errores se han ido encadenando y una y otra vez. Han jusitficado dichos errores como si no fueran responsabilidad de ellos. Y ahora lo volvemos a ver cuando la corrupción llega a los suyos.

Esta semana se ha nombrado como subdelegado de Gobierno en Valencia a Rafael Rubio, que se encuentra imputado por un presunto délito de corrupción en el caso de las contrataciones «zombis» en Imelsa desde 2016, siendo posible que en breve cambie su situación procesal al acercarse la posible apertura de juicio oral. No hay que perder de vista que en su condición de subdelegado del Gobierno tiene bajo su mando a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, encargadas de investigar hechos como en los que él está supuestamente implicado.

Es cierto que en relación con esta situación hay que distinguir dos planos. En primer lugar, desde un punto de vista juridico procesal, todas las personas están amparadas por la presunción de inocencia y por lo tanto, obviamente, también el subdelegado del Gobierno. Mientras no haya una sentencia de carácter condenatorio no se habrá destruido la presunción de inocencia.

Pero una cosa es la responsabilidad penal y otra muy distinta, es la política. En este segundo ámbito, no es tolerable que el Partido Soicalista y sus socios sean incoherentes ahora que la corrupción presuntamente está en su casa, debería actuar con la misma contudencia que exigía cuando la corrupción afectaba a otros. ¿Dónde están las camisetas con «Se busca», o los insultos que en su día profirieron a alcaldes o cargos de otras fuerzas políticas? ¿Dónde está la exigencia de responsabilidad y exigencia de ética en la vida pública?

Esa falta de ética y coherencia es algo que caracteriza a la izquierda, tanto en Valencia, como a nivel nacional. Desde un punto de vista político siempre se debe usar la misma vara de medir y las mismas líneas rojas. No pueden existir dos clases de ciudadanos, los socialistas que salen inmaculados de sus errores o de sus casos de corrupciónb, y los demás, que deben ser condenados al ostracismo, a la muerte civil y a la dilapidación política y mediática.

En estos momentos en donde Valencia necesita impulso para poder salir de la grave crisis en la que estamos, lo que debemos hacer es potenciar la marca Valencia. Y en este sentido, no es aceptable tener a un investigado por presunta corrupción, como subdelegado del Gobierno. Si los consejos que venden o imponen a los demás, hiceran uso de ellos, el señor Rubio no debería tomar posesión de su cargo. Si la corrupcion afecta al Partido Socialista la manera de actuar debería ser la que ellos han exigido en otras ocasiones.

Si por un lado la izquierda valenciana no es coherente en la exigencia de responsabilidad y ética a los suyos, dañando la marca Valencia, también dañan y pretenden destruir nuestra cultura. Esta semana hemos conocido que el alcalde Joan Ribó, vuelve a subvencionar, nada más y nada menos, con unos 60.000 euros, a entidades catalanistas que lo único que hacen es fomentar el independentismo, el odio a España. Eso es otra manifestación de corrupción en el plano político. No es aceptable que desde instituciones de Gobierno se utilice dinero público para insultar a los valencianos actuando en contra de nuestro Estatuto de Autonómia y del orden constitucional.

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