Fernando de Rosa: Cómo dilapidan el dinero

El día 22 de junio entramos en una nueva fase  y esperemos que sea el fin de esta pesadilla sanitaria. Vamos a recuperar cierta normalidad en nuestra vida cotidiana y dejaremos atrás, situaciones que nunca hubiéramos pensado que nos tocaría vivir. Lo que más me impresionó en los momentos duros del confinamiento, fue ver las calles vacías y el miedo reflejado en los rostros de los ciudadanos.

No debemos olvidar que el riesgo no ha pasado y que un rebrote del virus, entra dentro de lo posible, por lo que debemos reiniciar nuestra normalidad con precaución y siguiendo las normas de higiene y seguridad que nos recomiendan los expertos: uso de mascarillas, distancia física y utilización de hidrogel de forma constante.

Esa será nuestra responsabilidad. Pero la recuperación de la normalidad no puede basarse en hacer borrón y cuenta nueva con la actuación de nuestros responsables municipales y autonómicos. Debemos ser exigentes y pedir que den ejemplo reduciendo el número de cargos públicos ya que tenemos los gobiernos más caros de la democracia.

El Ayuntamiento de Valencia ha aumentado un 372% el gasto en altos cargos nombrados a dedo -pasando en cinco años de gobierno- a un gasto de 431,3 millones en nóminas, de los cuales, sólo un 6,30% ha sido en nuevos funcionarios. El resto de dinero se ha gastado en órganos de gobierno, es decir, coordinadores de área y directores generales. En definitiva, puro enchufismo.

Me preocupa la forma de dilapidar el dinero por parte de los socialistas y sus socios catalanistas de Compormís.

Para ellos no hay límites en malgastar el dinero de nuestros impuestos, mientras la sociedad sufre las consecuencias de la crisis social y económica generada por el Covid-19, incrementada por su nefasta gestión.

La vuelta a la normalidad tampoco va a ser lo mismo con la transformación que está teniendo la ciudad de Valencia. Las remodelaciones y reformas que están realizando o que se van a realizar, no tienen sentido. Basta ver el verdadero caos que se produce en la calle Colón y los estragos con las multas que está haciendo la Policía Local a los vehículos que pasan por la plaza del Ayuntamiento, a las que una deficiente señalización, conduce como a una ratonera.

La saña de este gobierno municipal con la ciudad de Valencia no tiene fin: no tienen bastante con el daño que ya han hecho al centro de nuestra ciudad, y ahora se empeñan en abandonar los barrios, como ha ocurrido en Poble Nou, donde el Ayuntamiento ha renunciado a efectuar la obra de instalación de una cubierta en la plaza para la realización de actividades tradicionales y culturales, devolviendo la subvención que en concepto de anticipo había efectuado la Diputación de Valencia.

Y es más, ahora nos anuncian que se va a iniciar la reforma de la Plaza de la Reina. Hace pocos días se han adjudicado las obras para llevar a cabo la reforma de esa plaza. Si siguen los pasos de la reforma de la plaza del Ayuntamiento, nos encontraremos con una reforma de una plaza emblemática de Valencia, condenada a convertirse en otra chapuza.

No hay dos sin tres: la chapuza de Colón, el despropósito de la Plaza del Ayuntamiento y la torpeza que acabarán cometiendo con la plaza de la Reina.

No hay que conocer mucho la historia de Valencia y saber que cualquier obra que se realice cercana a los muros de la Catedral, supondrá que se encuentren restos arqueológicos. Tengo mis dudas de que tengan un plan previsto para esta situación, qué van a hacer y qué tratamiento van a dar a las ruinas. Si algo caracteriza a los socialistas cuando gobiernan, es el desprecio a nuestro patrimonio historico y arqueologico.

Basta recordar, por ejemplo, el destrozo cometido en el Teatro Romano de Sagunto, o la decisión de enterrar, en  1986, las ruinas que se descubrieron del Palacio Real en la Calle General Elío de la ciudad de Valencia.

El dinero de los ciudadanos en estos momentos debe ser gestionado de forma eficaz y destinarlo preferentemente a ayudar a aquellos que lo están pasando mal, a nuestros autónomos y comerciantes que tienen que poder abrir las puertas de sus empresas, a las familias que se ven ahogadas por las subidas de los impuestos como el del agua, bien básico, o el IBI, y muchos otros impuestos municipales.

Por eso debemos exigir al gobierno municipal que elimine cargos públicos y las reformas urbanas se reconsideren en este momento en el que lo prioritario es que no haya colas de reparto de comida en muchos lugares de nuestra ciudad. Eso sí que sería trabajar para que nadie quedara atrás.

 

Otros del autor: