Los intentos del independentismo catalán para exportar el problema que ellos mismos han creado a otras comunidades autónomas, se acercan mucho a lo patético. Cansino y patético.

A principios de semana tuvimos en el salón de actos de una de las bibliotecas de la Universidad  de Valencia a Joan Tardà, prócer de Esquerra Republicana, ex diputado nacional en el Congreso y un hombre con vocación de “padre de la patria”. De la suya, claro. De una inventada, evidentemente, pero respetable desde un punto de vista académico o tal vez clínico.

El acto, convocado por el BEA, era una conferencia con coloquio posterior para hablar sobre las libertades políticas en el Estado Español. Ese estado del que los independentistas quieren marcharse, aunque para hacerlo saben que primero han de erosionarlo todo lo posible para poder intentar el asalto hacia su independencia desde la debilidad de ese estado al que pretenden desmembrar.

Pero vamos por partes. Antes de otras valoraciones he de decir  que me cae bien el señor Tardà. No comparto ni un gramo de sus argumentos. Ni un poquito. Ni de lejos, pero me resulta simpático y reconozco que sabe argumentarlos. Y lo hace bien. Es un buen conversador y fue un buen parlamentario. Sin duda yo le preferiría a él como president de la Generalitat Catalana antes que a Torra, pero es lo que hay. Dentro del independentismo seguramente hay mucha gente que también le preferiría a él, pero como van a leches entre ellos, pues no sé yo, perdonen el circunloquio, pero lo considero necesario.

Superada la fase de la empatía, empatizo fácilmente con cualquiera porque soy una mente abierta, me puse a escuchar su discurso, sus declaraciones ante los micrófonos y sus ideas, sustentadas en un andamio que no se sostiene, a no ser por los endebles tornillos de la ensoñación histórica y social, repleta de falsedades, que han creado los independentistas. Me sorprendió cuando me dijo que él no es nacionalista, que él es republicano. Otro síntoma más de la división entre los independentistas.

Junto con Tardà, una joven dirigente de Esquerra, Núria de nombre, creo recordar, que nos ofreció un catálogo de palabras huecas, altisonantes, recreadas en un lenguaje alambicado, que sonaban a las proclamas revolucionarias de otro siglo. Eso sí, muy bien estructuradas, pero extemporáneas y más propias de un activista de un “país ocupado por el opresor” en los años de Maricastaña, que de una ciudadana de una comunidad autónoma libre dentro de un estado democrático como es la España del siglo XXI. Ya se pueden figurar. Todos los tópicos de otros tiempos que ahora resucitan para intentar meternos en el ADN de los más jóvenes y que así cale su mentira histórica en las nuevas generaciones.

Pero lo peor de todo fue que, de forma implícita, todos los oradores justificaron la violencia ejercida por los activistas organizados de los CDR contra la policía en las calles de Cataluña. La culpa es de los demás. De la Policía Nacional, de los Mossos, del estado opresor, de los Borbones, del PSOE  y, de paso, de un señor de Murcia que pasaba por allí. Lamentable, como lamentable fue volver a escuchar las viejas consignas que han querido convertirnos en catalanes del sur desde hace muchos años y que ya huelen a naftalina reaccionaria y antigua.

La Universidad se puso de perfil con la justificación de que sólo prestaba el local, obviando que uno de sus profesores de prestigio, al cual siempre he respetado, era el guía y conductor del evento. En fin, no lo critico. Yo también creo que la universidad es el templo del saber y que todo saber ha de tener su espacio en la universidad. Aunque sea la de Valencia para promocionar un acto catalanista, dicho esto con todo mi respeto.

Mientras en Barcelona los encapuchados de los CDR bloquean el acceso a la universidad a los chavales que quieren ir a estudiar, aquí, en Valencia, los organizadores bramaban por la presencia de un grupo de manifestantes que intentaba boicotear el acto en el exterior del edificio. Eso sí, a nuestro Delegado del Gobierno no se le escapa ni una. Como se nota que es un profesional. Había más policías que manifestantes. Así que no pudieron ni acercarse a la puerta del templo del saber que aquí estaba abierta, no como en Barcelona, que está bloqueada por los violentos.

Por cierto, a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César. Me pillé un mosqueo cojonudo cuando los manifestantes del exterior, los que protestaban por el acto, nos pusieron a caer de un burro a los periodistas que pasábamos por delante. No repito los insultos porque fui a un buen colegio, pero ya se pueden figurar. Me fui cara a ellos, inconsciente de mí, y se lo expliqué. Y al final se impuso el diálogo. Menos mal, porque a mí no me llama “manipulador hijo de puta” ni mi madre, que en gloria está. Ni a mis compañeros de los medios de comunicación, tampoco. Eso sí, protestaban por lo que estaba pasando dentro de la biblioteca en medio de un despliegue policial desmesurado. Cada cual que saque sus conclusiones.

En resumen, que para Tardà vivimos en una democracia de bajo perfil, que lo mejor para Cataluña es irse de España, que de paso Valencia, Baleares, algún que otro territorio y un pueblo pequeñito de Andalucía (por qué no, ya puestos) también deben irse, que el estado es represor y que viven y vivimos todos oprimidos… Ah, que dicen que esto es un conflicto entre demócratas y que se ha de resolver votando. Con perdón al señor Tardà, niego la mayor. No les veo muy demócratas últimamente repartiendo estopa a los Mossos e incendiando coches y contenedores por doquier.

Así qiue, insisto, niego la mayor. No son de izquierda porque son clasistas y clasifican a los ciudadanos según su procedencia. No son republicanos porque busca una dictadura de los territorios genéticamente superiores sobre los de las bestias malolientes y niegan la igualad entre ciudadanos de diferentes Comunidades. Y me tengo que creer que son de Cataluña porque no tengo más remedio. Ellos hacen lo imposible por externalizar ese conflicto que se ha inventado en detrimento de la igualdad de los territorios, los trabajadores, los ciudadanos y ciudadanas y las Comunidades Autónomas que integran España. Y lo demuestran viniendo a Valencia con sus cosas. No pretenden su independencia. Sólo buscan la algarada para una soñada “unidad territorial de sus imaginarios países catalanes”. Y de paso, la independencia.

Ferran Garrido

 

Ferran Garrido. Periodista, escritor, poeta.