Juan Rodriguez “ Los Políticos de Baleares se burlan de los empresarios y trabajadores”

Quiero expresar mi solidaridad con las localidades turísticas de toda España. En la Comunidad Valenciana, me entenderán especialmente los comerciantes, los dueños de bares y locales de ocio de Gandia, Benidorm, Vinaroz, etc. Desasistidos, acusados y condenados por las administraciones.

En el caso del municipio de Calviá (Mallorca) la situación llega a la altura de una comedia surrealista si no se presentase un invierno tan trágico.

Tras el secuestro domiciliario impuesto por el Señor Sánchez, los hosteleros y comerciantes de esta zona de Mallorca se dispusieron a adecuar terrazas para cumplir con la normativa. A invertir para garantizar la seguridad y tranquilidad de los visitantes que no iban a ser muchos pero a los que había que atender con toda la entrega.

A principios de julio, unos disturbios en la vía pública de Magaluf (originados cuando los bares habían cerrado por unos limitados horarios) nos colocaron en la diana de la administración autonómica. Nos cerraron. A toda una calle, mítica para el turismo joven de toda Europa. La Guardia Civil a punta de metralleta clausuró todos los locales: estancos, farmacias, quioscos de comida para llevar, joyerías y los pocos bares que podían enfrentarse a abrir, realizando un esfuerzo titánico para dar trabajo y costear los desmedidos impuestos.

Somos contribuyentes, no delincuentes.

Somos contribuyentes, no delincuentes. Los empresarios y trabajadores clamamos mientras el responsable balear del ramo, el Sr. Negueruela nos insultaba en los medios. Declaraba que no quería «ese tipo de turismo» ni «ese tipo de empresario».  Atacaba al «milagro mallorquín», a esos cientos de hombres y mujeres que en los últimos 40 años han levantado negocios hasta convertir a Calviá en el municipio más rico de Europa (años atrás). Generadores de trabajo y de ilusión.

De su actividad depende todo (el 90 por ciento de la economía). La bofetada se la llevaban todos: desde los taxistas hasta los suministradores. Todo un efecto dominó que ha dejado a la isla en un escenario de posguerra.

En agosto las normas se recrudecieron. No solo los comerciantes de Punta Ballena tenían prohibida cualquier actividad. Los locales abiertos en otros puntos del municipio vieron limitadas sus condiciones: No podían admitir a más clientes a partir de las 11 de la noche, se prohibió fumar incluso al aire libre y se terminó por clausurar aquellos locales que no fuesen exclusivamente de comida. Tras un verano para el olvido y con un turismo estacional, el Govern Balear nos anuncia que podemos abrir a partir de esta semana.

Una auténtica burla, una nueva ofensa por parte de unas administraciones (local, regional y nacional) que están llevando a cabo una voladura controlada de la riqueza de las islas y de España.

Donde hay pequeños empresarios, hay independencia y hay libertad. Y esa libertad empieza a ser un bien escaso. En las últimas semanas, los miembros de EMYTRA hemos sufrido ataques violentos: Con adoquines, huevos, con amenazas en las lunas de nuestros coches. Desde que decidimos denunciar los abusos por parte de la administración hemos recibido coacciones de todo tipo.

Todo ello sin una sola condena por parte del Alcalde, el Sr.Rodríguez. Una burla pero no solo a los empresarios y trabajadores de Calviá. Una burla a la democracia, a la libertad y a la dignidad. Mientras, legiones de asesores cobran por aconsejar la ruina como fórmula de sometimiento civil para un diseño de la «nueva sociedad» del futuro.

JUAN RODRÍGUEZ

PRESIDENTE DE EMYTRA (ASOCIACIÓN DE EMPRESARIOS Y TRABAJADORES DE CALVIÁ)