Mis pasos se dirigen hacia una galeria de celdas dividida por un pasillo estrecho poblado de internos entre los cuales me muevo en soledad con un walkie como único medio de protección para dar aviso en caso de incidente grave. Aunque lo habitual es que sólo me ayude mi pericia.

Departamento FIES ( internos de especial seguimiento)

Un interno se rebela contra una orden de mi compañero abalanzándose sobre él para agredirle. No se estudia en manuales cómo resolver esta situación, sólo el instinto de supervivencia nos obliga a utilizar fuerza fisíca para poder reducirle y restablecer el orden.

Departamento de mujeres

Acudo corriendo al escuchar gritos en una sala, me encuentro con una interna tumbada en el suelo agitando las piernas y con convulsiones, necesito la ayuda de dos de sus compañeras para atender y controlar lo que intuyo es un ataque de epilepsia.

Departamento de enfermería

Afronto una larga noche con un grupo de internos pacientes de diversas enfermedades de gravedad. Uno de ellos se produce un corte profundo y de dimensiones importantes en el abdomen, una imagen que impacta pero me sobrepongo de inmediato para valorar y solicitar atención médica. Estas son sólo algunas de las situaciones reales que se producen diariamente en prisión.

Nuestro trabajo se ocupa y preocupa de gestionar de la manera más eficaz posible la vida de personas que se han situado al margen de una convivencia social responsable, en buen número procedentes de culturas muy diferentes, autores de los más variados delitos recogidos en el código penal, y en su mayoría portadores de psicopatías supervivientes en un medio que no es el más adecuado para su tratamiento y por lo general agravadas por adicciones como el consumo de drogas.

Resaltar que para resolver situaciones tenemos que hacer valoraciones propias de especialistas en medicina, psiquiatria, psicologia, expertos en incendios….ser héroes en números inimaginables de peleas y agresiones con el fin de poder manejar y reconducir conductas. Demasiada exigencia y responsabilidad para tan poca formación que recibimos y frustrante nulo reconocimiento. Una sobrecarga de trabajo que conduce inexorablemente a un recorte importante de la calidad en la atención de la población reclusa, agravada también por la existencia de plantillas de personal envejecidas y que necesitan salidas de un medio hostil que requiere importantes energias. Adolecemos de falta de personal como un mal endémico en la institución.

Necesitamos medios

Sin embargo, a pesar de ésta desmotivación, alimentada de manera habitual por nuestros dirigentes, hemos acreditado una vez más nuestro saber hacer en situaciones de especial dificultad como en la pandemia. Implorando desde el primer momento ser dotados de los medios de protección adecuados y participar en la cogestión en los Centros para evitar como se evitó un desastre.

Solución de conflictos

Nuestra satisfacción a pesar de las dificultades la hallamos en la resolución de multitud de situaciones de conflictividad, animándonos en la lucha de solicitar que se impulse una nueva modernización del trabajo que desarrollamos en prisión que supere y solucione los males que tras el discurrir de los años se han convertido en estructurales y que necesitan ser abordados en el marco de un estatuto específico dada la singularidad de nuestro sector.

El abandono que sufrimos por parte de los gobernantes se ha convertido en el centro de nuestra soledad, un abandono que nos puede matar tanto física cómo psicológicamente. Apoyar, proteger e incentivar nuestra dificil tarea deberían formar parte de sus objetivos.

TAMPM CASTELLON