Estado de alarma, pero ante todo mucha calma.

Son días difíciles y, miren por dónde, voy a aparcar esto de la política nuestra de cada día para compartir este optimismo innato que siempre me ha acompañado, aunque últimamente lo tenía en el cajón de las cosas olvidadas.

Ese en donde uno guarda a veces el corazón. Y ahora nos hace falta el corazón. Y la cabeza.

No es un buen momento para dejarse llevar por el pesimismo. Antes al contrario. Y se lo digo porque a las grandes batallas, uno ha de ir con buen ánimo. Con energía y con espíritu de combate y de victoria.

Lo contrario es cutrerío, cobardía, pesimismo y caspa. Y del derrotismo y del catastrofismo, ni les hablo. Así que, hagan el favor de levantar el ánimo, que es el camino correcto.

No nos podemos dejar llevar por esa corriente que nos arrastra por la senda obscura de la Fuerza. Que además de no ser nada conveniente, es muy ridícula.

A ver, reflexionen conmigo sobre la utilidad que le van a dar a esos cien rollos de papel higiénico que se llevaron el otro día de Mercadona y que encima les ocupan un montón de espacio en casa.

Ya sé que la situación es “pacagarse”, con perdón, pero acaparar género no ayuda. Sea papel o sea cualquier otra cosa.

O si no ya me dirán lo que van a hacer con los 50 paquetes de kiwis que cargaron ayer en el súper… ¿darle utilidad al papel higiénico? Venga, calma.

Llevo la situación al esperpento para ver si nos damos cuenta de la necesidad de comportarnos con normalidad.

Como personas normales. Y de no perder el norte. Ni el buen humor, muy nuestro en cualquier circunstancia, pero sin perder de vista un pelín de seriedad.

Se lo digo porque tengo el móvil que echa humo de mensajes que, qué quieren que les diga, mejor no leer. Todos tenemos un amigo plasta, al que queremos, pero plasta. Ni les cuento.

En lugar de aprovechar el tiempo de aislamiento para leer o para disfrutar de la buena compañía de la familia, se dedican a machacarnos a todos con los mensajes sin filtro que se le pasan por… por el Waths app.

Vale lo de los memes jocosos, pero no, se recrea en los más chungos, tristes y negativos del mercado de las redes. Y si son falsos, mejor.

Así las cosas, he decidido borrarme de cualquier grupo de amigos que en redes se convierta en fuente de noticias falsas y de audios y vídeos que no llevan a nada.

Recomiendo encarecidamente recibir, y digerir, sólo información contrastada, de fuentes oficiales, y a través de los medios de comunicación que siguen trabajando para que ustedes estén bien informados. Les encomiendo especialmente el trabajo del Canal 24 Horas de TVE.

¿Recuerdan cuando se quejaban de que no tiene ni un minuto para disfrutar de sus casa? Pues es el momento. Al mal tiempo buena cara. Y buen rollo. Y tiempo con la familia y las personas amadas que, miren, ya quisiéramos muchos poder disfrutar de su compañía.

Así que menos quejarse, menos individualismo y más sentido del deber y del bien común. Pero sin solemnidades. De buen rollo. Con una sonrisa.

Ya verán como así les va mucho mejor. Con ese tono, este tiempo va a durar lo mismo, pero se les va a hacer mucho más corto.

Aprovechen el tiempo, mientras que no estén trabajando, para recuperar el pensamiento en el sentido de la vida, la lectura, la meditación y la música, por poner algunos ejemplos.

Utilicen internet como una útil herramienta de comunicación e información y no como un martillo de difusión de noticias falsas.

Ah, por favor, no me pierdan el decoro cuando vayan a comprar al supermercado o a la farmacia. Entre otras cosas porque el abastecimiento de todo cuanto necesitan está asegurado. Y, ya saben, mientras lo de salir no sea estrictamente necesario, pónganse las zapatillas de andar por casa, las más cómodas que tengan, y no salgan a la calle. Y no den la brasa. Convivencia, buenas maneras, sensatez y buen humor e insisto, ante todo, mucha calma.

Estado de alarma… ya lo valoraremos otro día. Ahora es momento de poner remedio al coronavirus de forma responsable. De política, si eso, ya lo dejamos para más adelante. A su tiempo. Todo a su tiempo.

Ferran Garrido. periodista, poeta