Las pruebas de acceso a la Universidad denominadas EBAUen la prueba de «valenciano» los alumnos tenían un texto de la editorial Bromera sobre Enric Valor y el otro era un artículo de un Diario denominado como nosaltres la veu.cat, cuyo dominio está radicado fuera de la Comunitat Valenciana.

Un diario que es el altavoz de la catalanista Escola Valenciana cuyo vicepresidente era el propio Conseller de Educacio Vicent Marzá, o que habla de las «discriminaciones lingüísticas del catalán».

En su web hablan abiertamente de la lengua catalana como nuestra. Con lo que quienes han elegido el texto de las pruebas de la EBAU con el logo de la Generalitat Valenciana reafirman esta cuestión. Incentivando el odio entre valencianos y siendo altavoz del independentismo más rancio. Promoviendo a su vez el fascismo ideológico. Además de practicar un genocidio a la Cultura y Lengua Valencianas, que por supuesto, no reconocen a nos er que seamos parte de su entelequía «los países catalanes».

Una entelequia que supuestamente quiere acabar con la sumisióna  Cataluña para sustituirla por otra nueva a Cataluña

Lo que todos estos movimientos ampliamente subvencionados, en este caso por la Plataforma per la llengua ( catalana) y el Instituto Jordi de Sant Jordi. Entre todos entretejen una red de estómagos agradecidos ampliamente subvencionados desde entidades públicas y privadas. Una red que recauda millones de euros cada año de la Generalitat Valenciana, las Diputaciones de Alicante, Castello y Valencia, Ayuntamientos como el del Cap i Casal. Pero también instituciones como la Generalitat de Cataluña o el Parlament catalán. Además del Ministerio de (in)cultura de España.

Lo que buscan es sustituir el vasallaje a Madrid que tiene sometido el Estado a la Comunitat Valenciana, pero a cambio rindiendo sumisión a Cataluña. Siempre a cambio de la venta de neustra cultura, nuestra economía, y en el fondo nuestra Idiosincracia como pueblo.

Unos agravios cometidos habitualmente por Madrid contra los valencianos, pero que normalmente incentivan desde Cataluña. Siempre utilizándonos como moneda de cambio a los valencianos una y otra vez, para al final sacar beneficio Cataluña. Frente a una Comunitat Valenciana empobrecida, infrafinanciada y carente de las infraestructuras necesarias para desarrollarse.

Unos políticos valencianos o vendidos o amilanados

Los políticos valencianos ni están ni se els espera. Por una parte, unos hace décadas que vendieron su alma por ocupar cargos públicos y tener los bolsillos llenos. Con familiares y amigos apoltronados y debidamente colocados y que son estómagos agradecidos. Los otros, amilanados, que aunque hablan del pancatalanismo no son capaces de llamar a lo que se estudia abiertamente como «catalán» a ese dialecto inventado estandarizado como «barceloní». Siguen hablando de «valenciano» aunque no lo es. Haciendo un flaco favor a la Cultura Valenciana que desconocen e ignoran aunque dicen proteger.

Ni Vox, ni PP ni Ciudadanos utilizan en ninguno de sus escritos Les Normes d’El Puig, ni tampoco abiertamente llaman genocidio lingüístico lo que se practica día a día. Llaman «imposición del valenciano» cuando realmente es imposición del catalán barceloní. Inventado por el ingeniero industrial de oriben cubano Pompeu Fabra en 1909. Olvidan nuestro siglo de Oro de lasletras valencianas del siglo XV con Ausias March, Joanot Martorell o incluso Sor Isabel de Villena, entre grandes pensadores como el propio filósofo Francesc de Vinatea.

Un poco de Cultura no vendría mal a estos políticos que dicen defender nuestra tierra. Podrían pasarse por la RACV y comprar en su fireta del llibre valencià algún título que les instruya un poco. Si es que tienen interés más allá de buscar los votos del valencianismo cultural.

Nota de redacción: Este diario seguirá cada semana publicando varios artículos en Lengua Valenciana en Normes d’El Puig. Es la mejor forma de apoyar a nuestra cultura, quizá por ello, tengamos nuelas subvenciones por el uso del «valencià» o nos nieguen publicidad institucional el Ajuntament de Valencia, con 0€ en los seis años de Ribó.