Enrique Arias Vega “La mascarilla de España”

Es curiosa la controversia suscitada por haber usado Aznar la mascarilla con la bandera española en el acto de homenaje a las víctimas del coronavirus. Lo es más si tenemos en cuenta que nadie le reprochó después a Urkullu el utilizar la mascarilla de Euskadi y ni siquiera a Ada Colau el uso de la arcoíris.

Se trata del doble rasero de medir, que demoniza el uso de los símbolos patrióticos en detrimento de cualquier otro, y no digamos ya de la bandera republicana, que puede usarse sin que le cause ningún disgusto al que la exhiba.

Pese a todo, cada vez veo más la mascarilla que ha puesto de moda la diputada de Vox Macarena Olona, lo cual tiene su mérito en un ambiente a menudo hostil y que exige en ocasiones valentía a quien la lleve.

Semejante animadversión a lo patriótico sólo tiene lugar en España, donde puedes llevar una camiseta de Brasil o de Noruega sin ningún problema. Recuerdo que hace veintitrés años me regalaron en una feria de New Jersey un pin con las banderas cruzadas de Estados Unidos y España. El único que me lo reprochó, cuando me lo puse, fue un compatriota, escandalizado por mi “exhibición españolista”.

No sé si para remediar esa disfunción, Pedro Sánchez acaba de usar en algunas ocasiones la denostada mascarilla, como hacen con las suyas sus congéneres europeos Lo más probable, como todo lo de él, es que sólo se trate de una estrategia para que quienes le nieguen su apoyo a los Presupuestos sean tildados luego de antipatriotas.

Pero lo que refleja la verdadera actitud de la izquierda y los nacionalismos es la propuesta de algunos militantes de vetar el uso de esa mascarilla en algún Parlamento autonómico.

Más claro, agua.

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