Francisco Bueno «Un Cosí Fan Tutte muy bien cantado y recortado»

Las normas sanitarias para prevenir el coronavirus evitaron escuchar esta ópera de Mozart con su preceptivo descanso entre el Acto I y el Acto II. Con el fin de no sobrepasar las dos horas y media, las autoridades del coliseo decidieron abreviar la ópera y eliminar la pausa entre ambos actos. Así, eliminaron tres arias en el Acto II. Existen precedentes de estas medidas: el pasado verano, aún reciente, se hizo lo mismo en la localidad italiana de Pésaro, patria de Rossini.

Escena del Acto I de “Così fan tutte”. (Foto de Miguel Lorenzo – Palau de Les Arts)
Escena del Acto I de “Così fan tutte”. (Foto de Miguel Lorenzo – Palau de Les Arts)

El escenario, minimalista, quedó reducido a unos paralelepípedos blancos, esferas y piedras con formas elípticas que le daban un cierto aroma zen a la escena. Unas cortinas blancas fueron utilizadas como bastidores, para dividir el escenario y facilitar el escondrijo de los personajes. El consabido telón de tul ópera, con celdilla hexagonal, permitió cantar al coro, parapetado detrás del mismo. En suma, una escenografía lóbrega, casi hospitalaria.

El director de orquesta Stefano Montanari es un hombre de hábitos peculiares. En determinados momentos sujetaba la batuta con los dientes, mientras dirigía con las manos. Cuando tocaba el teclado en los recitativos, se la metía en la espalda. En otros momentos se comportaba dentro del espacio eufónico con ademanes más ortodoxos, empuñándola. Esta batuta de Rávena conjugó muy bien los matices agógicos (pequeños ritardandi) con los dinámicos (diminuendi, menguando el caudal sonoro de la orquesta); pero sin exagerar, sin alcanzar los rubati románticos, que habrían resultado amanerados. Con ello, teatralizó aún más la expresión musical. Fue especialmente pródigo en los recitativos “acompañados” (accompagnati). El recitativo acompañado que precede al aria ‹Come scoglio›, cantada por Fiordiligi, fue un suspiro en sus manos, con pequeños silencios convertidos en calderones. Por otro lado, en la obertura y otros pasajes de conjunto de los cantantes, el tempo fue muy rápido y un tanto vigoroso.

Para cantar esta hermana menor de las “Óperas Da Ponte” de Mozart, se contó con un ramillete de buenas voces.

Destaquemos, en primer lugar, a la valenciana Marina Monzó. La soprano de Quart de Poblet, quien frisa los veintiséis años, es una muy buena cantante, con un hercúleo instrumento, bien esmaltado en toda su gama: agudos, medios y graves. Ocurre, sin embargo, que es una soprano spinto de prometedor futuro, y el papel de Despina es propio de una soprano soubrette, por lo que el histrionismo cómico, nervioso, quedó anegado, ofreciendo la señorita Monzó una visión más dramática. Quizás convenga recordar al lector que el personaje de Despina toma como precedente a Serpina (serpientecilla) del intermezzo cómico “La Serva Padrona”  de Pergolesi, una sirvienta de carácter resoluto y contestón.

La soprano italiana Federica Lombardi es una Fiordiligi espectacular, de imponente teatralidad, con un portentoso registro agudo, muy brillante.

Los graves de la cantante de Cesena son un poquito endebles, devorados en ocasiones por el fragor bélico de la orquesta. La mezzosoprano irlandesa, Paula Murrihy, es una cantante de articulación muy talentosa y con unas medias tintas envidiables.

El tenor florentino Anicio Zorzi Giustiniani posee un instrumento de bello timbre, aunque un tanto menguado.

No fue precisamente la voz más consistente sobre la escena, pero lo suplió con un exquisito talento musical. Este joven sabe cantar y hacer música, pese a que su vehículo sólo sirva para distancias cortas. Su paisano, el barítono beneventano Davide Luciano, es un excelente barítono, asistido por un fiato consistente y una bis cómica innegable. El bajo bonaerense Nahuel Di Pierro también es un gran actor, con dotes que provocan hilaridad. El argentino articuló muy bien los recitativos, así como los números de conjunto.

La orquesta, siempre bien conjuntada, anduvo un poco guerrera en el Acto II, devorando en algunos momentos a los cantantes por sus excesos dinámicos. El coro, con su profesionalidad habitual.

FICHA TÉCNICA: Lugar, fecha y hora: Palau de Les Arts, Sala Principal, 27 de febrero, 18 horas. Programa: “Così fan tutte”, KV 588, ópera bufa (dramma gioccoso) en 2 actos con música de W. A. Mozart y libreto de Lorenzo Da Ponte. Reparto: Federica Lombardi, soprano (Fiordiligi); Paula Murrihy, mezzosoprano (Dorabella); Davide Luciano, barítono (Guglielmo); Anicio Zorzi Giustiniani, tenor (Ferrando); Marina Monzó, soprano (Despina); Nahuel Di Pierro, bajo (Don Alfonso). Concepto escénico y dirección de escena: Silvia Costa. Iluminación: Marco Giusti. Orquesta: Orquestra de la Comunitat Valenciana. Cor: Cor de la Generalitat Valenciana. Dirección musical: Stefano Montanari. Producción: Nueva producción del Palau de Les Arts.

Francisco Bueno Camejo