La Basílica de San Vicente Ferrer de Valencia celebra mañana el centenario de su consagración

La Basílica de San Vicente Ferrer de Valencia conmemorará mañana, martes, el centenario de su consagración con la celebración de una misa solemne de Pontifical, a las 20 horas, que se enmarca dentro de los actos que están realizando durante este año los religiosos dominicos que rigen el templo.

En la eucaristía participarán religiosos y representantes de la orden de Predicadores dominicos en Valencia, entre ellos el vicario episcopal para la Vida Consagrada, Martín Gelabert, y el prior del convento de San Vicente Ferrer, Antonio Roy.

De igual forma, con motivo del centenario, ha sido programada para el próximo mes de noviembre una conferencia sobre la presencia de la Orden en Valencia, a cargo del religioso Vito Tomás Gómez así como un recital de poesía y música.

  • El 12 de octubre de 1921, en la ciudad de Valencia, se celebró un “gran acontecimiento histórico”: la consagración del nuevo templo de la Orden de Predicadores, dedicado a San Vicente Ferrer, según informan fuentes de la orden en Valencia.

En 1892 los dominicos volvían a Valencia, después de años tras abandonar su convento en la ciudad por la desamortización y la exclaustración de los religiosos españoles. En ese momento residieron en varias casas particulares y no fue hasta 1905 cuando proyectaron la construcción de la iglesia y del convento en el emplazamiento actual.

“Hoy la basílica se alza en una de las principales zonas comerciales de la ciudad y está abierta todos los días. También es una de las iglesias más solicitadas en la ciudad para celebrar bodas, por lo que también ofrecen cursillos patrimoniales».

Es, por tanto, “el templo de las celebraciones de los dominicos y de los diversos grupos que ellos atienden y se puede vivir el sacramento de la reconciliación en unos espaciosos y modernos confesionarios”.  Además, ofrece visitas guiadas en pequeños grupos y está abierta a diferentes actos culturales, explican.

Asimismo, a escasos metros se encuentra el convento de los dominicos, que dispone del salón “Bona Gent”, donde realizan conferencias y cursos de teología. También está cerca del colegio de los dominicos, fundado en 1941.

Edificio de estilo neogótico con torres coronadas de agujas caladas

La iglesia es un edificio de estilo neogótico y la fachada destaca por sus torres coronadas de agujas caladas y el portón ojival, sobre el que se ve el escudo de armas de la Orden de Santo Domingo. El templo, con planta de cruz latina, dispone de atrio, cinco naves, crucero y ábside con girola. Cuatro grandes estatuas de más de cinco metros de altura, se erigen delante de las pechinas que coronan las columnas que dan soporte al cimborrio. Son obra de Carmelo Vicent y representan a los cuatro papas dominicos: Pío V, Inocencio V, Benedicto Xl y Benedicto XIII.

En los ventanales de la parte superior se representan los 15 misterios del Rosario en vidrieras de cristal de Bohemia. En la nave central, otras cinco vidrieras por lado, representan escenas de la vida de san Vicente. » Todas estas hermosas vidrieras son del famoso Taller Maumejean Hermanos».

El altar del crucero izquierdo está dedicado a la Virgen del Rosario. El grupo escultórico de la Virgen, el Niño y santo Domingo de Guzmán, en madera tallada muy policromada situado en la hornacina que centra el retablo, es obra del escultor Vicente Navarro en 1944. Se decora con un monumental retablo en alabastro dividido en quince compartimentos con escenificaciones en relieve de los Misterios del Rosario.

En las entrecalles y flancos figuran imágenes de santos, beatos o venerables especialmente vinculados a esta devoción propagada por los dominicos. Todo esto fue esculpido por José Justo Villalba y puesto entre 1955 y 1956. En la girola se encuentra el Santísimo Cristo de la Agonía, obra también de Carmelo Vicent.

Historia de su construcción

En 1892 los dominicos volvían a Valencia. Habían pasado unos años desde que abandonan su convento en la ciudad por la desamortización y la exclaustración. El arzobispo de entonces, el cardenal Monescillo y Viso, les abría las puertas de la ciudad, “donde los hijos de Santo Domingo serán recibidos con amor y respeto”, tal y como escribió. En ese momento residieron en casas particulares y en 1905 proyectaron la construcción de la iglesia y del convento. La iglesia fue proyectada por el arquitecto Joaquín María Arnau, quien falleció al poco de comenzar las obras y recogió el testigo Francisco Almenar.

Gracias a donativos, especialmente los de María Pilar de Mazarredo, en 1906 se bendijo la primera piedra y en 1916 se bendijo una parte. Los religiosos esperaban que el templo estuviera finalizado en 1919, cuando se celebraba el centenario de la muerte de San Vicente Ferrer, pero no pudo ser. El templo se concluyó el 12 de octubre de 1921, año en que se celebraba el centenario de la muerte de Santo Domingo de Guzmán. Aunque se celebró su consagración y ya se usaba aún quedaban elementos por acabar como el ábside, la Capilla de la Comunión o el órgano.

Con la llegada de la persecución religiosa de 1936 el templo tuvo usos como almacén y prácticamente todos los elementos como altares, imaginería y orfebrería fueron quemados y destruidos. Se salvaron las paredes, las vidrieras que muestran la vida de San Vicente Ferrer, los misterios del Rosario y la talla de Vergara de la Virgen de los Desamparados. En los años siguientes los dominicos fueron acondicionándolo e incorporando nuevos elementos.

El 13 de julio de 1951 el papa Pío XII le otorgó el título de basílica menor, un reconocimiento que ya se anhelaba desde hacía años dada la importancia del templo. El 12 de octubre de ese año se ofició en el templo la misa de pontifical presidida por el entonces arzobispo de Valencia, monseñor Marcelino Olaechea, donde se leyó el escrito del Papa declarándola basílica.

La consagración: varios días de fiesta con gran afluencia de gente

Fue en la fiesta del Pilar de 1921 cuando se hizo la consagración. La prensa de la época recogió el acontecimiento y alababa el resultado final del templo. Según recoge el diario “Las Provincias” el mismo día de la consagración por la mañana las señoras pertenecientes a la “Asociación del Rosario Perpetuo” distribuyeron entre los pobres del barrio mil pesetas en bonos de a una.

“Los pobres socorridos recibieron los donativos de manos de las distinguidas damas que forman la directiva de la mencionada Cofradía, y que tuvieron para todos ellos una frase de consuelo y piedad”, relataba. La ceremonia, que comenzó a las 8 horas fue presidida por el dominico Manuel Prat, vicario apostólico de Emuy en China. Ese día se inauguró el altar de Nuestra Señora del Rosario.

Fue al día siguiente, cuando se celebró la fiesta, donde como recoge la crónica de “Diario de Valencia” participó mucha gente: “desde una hora antes de la anunciada ya era casi imposible el tránsito por aquellas espaciosísimas naves”. A las 10 horas con la llegada del entonces arzobispo de Valencia, monseñor Enrique Reig y Casanova, se entonó el canto de “tertia”. A las 10.30 horas se celebró la misa solemne de pontifical presidida por el Arzobispo, donde se interpretó la misa de “Pascuas” de Gounod por parte de “una nutridísima orquesta y numeroso coro” bajo la dirección del maestro de capilla de la Catedral don Juan Bautista Pastor.

El sermón fue del cardenal Juan Benlloch, arzobispo de Burgos. “Magnífica oración sagrada en la augusta solemnidad”, que comenzó con una “hermosa salutación a San Vicente”, destacó “Diario de Valencia’”. “Dedicó grandes elogios a la orden dominicana, que en la construcción del nuevo templo