Sin encuestas ni gaitas. Basta salir a la calle. Un tercio de los habitantes de cada barrio “obrero”, no son españoles.
De esos, trabajando, solo se ven unos cuantos, y son, la mayoría hispanos. Los colegios de estos barrios están casi al 50% de niños de origen extranjero. Sin embargo, si una se pasea por sitios donde no se respira precisamente miseria ni necesidad, lo que te encuentras son parejas jóvenes (españoles) con dos o tres churumbeles. Basta ir a una playa de Cullera, pasarte por el Parterre o la Alameda y ahí lo que se ve es muy diferente. En los barrios “obreros” hay cada vez menos niños españoles, lo que abundan son las mascotas, con un amplio porcentaje de perros.
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Donde hay dinero hay niños, donde hay pobreza hay perros.
El principio del fin de la clase trabajadora española está en marcha. Dentro de unos años, en estos barrios, encontrar un español va a ser difícil. Es lo que se está fomentando, quizá con la errónea intención de ganar votos. La izquierda, sobre todo, ve que su suelo de incondicionales votantes, esos que van de los 70 años en adelante, con el tiempo, y por causas naturales, va a ir desapareciendo y pretenden sustituirlos.
Para ello exprimen al trabajador español, mientras mantienen y favorecen una inmigración descontrolada, en un intento de asegurarse esos votos que saben que han perdido. De ahí la prisa por legalizarlos con la complicidad de la “derecha” turnista, que erróneamente cree que también se beneficiará de estos votantes. Pero el pendulazo está servido.
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La política en España no sabe cambiar la estrategia que les ha mantenido en el poder 47 años.
Acostumbrados como están a apelar a ese voto sentimental, por colores y sobre todo el voto en contra antes que a favor de, están perdiendo posiciones y lo saben. De ahí la prisa.
Tanto rojos como azules, como nacionalistas de todo pelaje, tienen cada vez más claro que han perdido el voto de jóvenes y una gran parte de la generación X. A los jóvenes los tienen perdidos por truncar su futuro y a la generación X por ser exprimidos sin compasión, para mantener un Estado, que además de sobredimensionado, es manifiestamente inútil y no se presenta cuando realmente hace falta.
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Los partidos en España (salvo alguna excepción) llevan casi medio siglo apoyándose en los que ahora son la tercera edad.
Esos que con ochenta años juegan religiosamente a la lotería, un signo muy significativo de como afrontan el futuro. Un futuro que ven como a largo plazo, curiosamente. Pero la inevitable desaparición de estos votantes, que fueron niños de posguerra dejará fuera de órbita a quienes han apoyado su política en “el coco”, eso de la vuelta de los señoritos. Del otro lado, no quedará nadie que recuerde la quema de iglesias ni las matanzas, ni las checas.
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Lo que van a quedar son votantes hartos de ser exprimidos y ninguneados.
Jóvenes sin futuro y extranjeros que o bien se hartarán también del saqueo fiscal, o bien se darán media vuelta cuando (inevitablemente) se cierre el grifo de las “paguitas”.
Desde tiempos inmemoriales es sabido que el gran negocio, el que más consume (por cantidad) y el que “lo paga doble” es el pobre. Que el Estado del “bienestar” político, los 17 gobiernos autonómicos, las instituciones trufadas de vagos y los sueldos Nescafé de la clase dirigente de este país, la mantienen la clase (no voy a decir obrera porque muchos no tienen trabajo) pobre.
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Y digo pobre, porque la clase media está desapareciendo con una rapidez pasmosa.
La democracia y el Estado españoles no puede sobrevivir sin pobres, por eso no se entiende que lejos de asegurarse su supervivencia, solo aspiren a sustituirlos. Una apuesta de resultado incierto, una apuesta que casi con toda seguridad, van a perder.
Y como ocurre en muchas empresas, eso de cambiar la fórmula que les ha asegurado el éxito durante tanto tiempo, ni se plantean cambiarla, ni aun cuando se está viendo que conduce al desastre. Ni cuando es muy evidente que ha quedado obsoleta.
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No faltan muchos años para que el derrumbe sea efectivo.
El cacareado sistema del bienestar tiene sus días contados, esto se ve ya en la sanidad, los transportes, las instituciones y prácticamente cualquier ente Estatal. Incompetencia y problemas de todo tipo están surgiendo desde hace ya una década y el deterioro es ya muy claro. ¿Soportará la futura sociedad española este Estado fósil? No lo creo. La sociedad resultante de estas políticas no será ni mucho menos lo que se espera. Desaparecida la generación “boomer” la política en España vivirá “tiempos interesantes”.












