Han comprobado desde 2006 que una parte de la sociedad, esa que no fuma -y le molesta- apoya este recorte de libertades y lo aplaude con las orejas.
Han comprobado, que en muchos de nosotros se esconde un pequeño dictadorzuelo que se regocija con la represión ajena. Lo hemos visto muchas veces, y donde se vio más claro fue durante la pandemia.
Siempre que planean recortar aún más nuestra escasa libertad, ensayan con el tabaco. Es algo infalible.
Si realmente se preocuparan por la gente, no te dejarían durante días hundido en el barro. Se haría el mantenimiento de carreteras y ferrocarril y se tendrían medios para la extinción de incendios. Pero esto no va de proteger la salud de nadie. Esto va de comprobar el aborregamiento general y buscar la aprobación de una parte de la sociedad, que no se da cuenta de que las prohibiciones y los recortes de libertad, al final, nos afectan a todos.
Cambiemos tabaco por perros y nos daremos cuenta enseguida, de que se trata de otra maniobra perversa.
“A mí me molesta, así que te jodes”.
Si prohibieran la movilidad y gravaran con impuestos como los del tabaco, con la misma proporción, tener un perro ¿Qué opinarían los que tienen perro?
Mal ¿verdad? ¡Que injusticia! ¡Qué despropósito!
Y no me cabe duda, de que una parte de esta sociedad aborregada les argumentaría con las mismas razones que se dan para prohibir el tabaco y es en resumen “a mí me molesta, así que te jodes”.
De hecho, si fuéramos un poco listos, cada vez que nos prohibieran algo con la intención de dividirnos, deberíamos proponer nosotros otra prohibición que afecte a quien aplaude estos recortes de libertad.
Prohíben fumar en las terrazas, pues nada que se prohíba también llevarte a tu perro. El perro en la calle sí, pero ni se te ocurra sentarte con él en una terraza.
Pongo el ejemplo del perro porque desde hace ya bastantes años las mascotas proliferan y muchas personas tienen, perro, gato, canario o loro. Podría poner otro ejemplo, pero este me parece muy claro porque muchas veces “compartimos” los perros como el humo del tabaco.
Desde que tragáramos sin chistar con el despropósito de prohibir el tabaco en todo recinto cerrado, incluidas discotecas o restaurantes con zonas habilitadas, cada vez nos han cercado más.
Zonas de bajas emisiones, por ejemplo. Como si el viento no existiera, como si esa zona quedara cerrada con una cúpula invisible y ahí no entrara la contaminación. Es completamente absurdo. Como ya está más que comprobado, es solo una medida recaudatoria, de las muchas que nos imponen. De las muchas que nadie vota. Nada les importa el bienestar del paganini, solo les importa exprimirlo.
Multas por exceso de velocidad en carreteras con socavones y con el asfalto hecho un asco. Alta velocidad en trenes convertida en baja velocidad por el lamentable estado de las vías. Antes que solucionarlo, prefieren que la gente pierda el tiempo miserablemente o en el peor de los casos, se mate en un tren.
No apoyar ninguna de las leyes de esta gente es una obligación moral.
En esta comunidad de vecinos que es España, deberíamos tener un poco más de tolerancia con el vecino y ninguna con quienes nos gobiernan. Basta de leyes que prohíben para recaudar. A los 7.340 millones de euros por el Impuesto sobre las Labores del Tabaco, ahora se tendrán que añadir las multas. Esos millones de euros por el Impuesto, una recaudación que supera el presupuesto para Sanidad, ¿A qué van destinados?
A Sanidad seguro que no, porque a la ministra que te prohíbe fumar “por la salud” no le da la pasta para aprobar (por falta de presupuesto) fármacos para tratar el Alzheimer o el cáncer de mama. Y peor aún, el CNIO, el centro para investigaciones oncológicas recientemente ha sido noticia por haberse convertido en una cueva de ladrones.
Nadie, con dos neuronas que se hablen, puede tragarse que esta gente hace una sola ley para el beneficio general.
Llegará el día en que la desobediencia y la unidad será nuestra única defensa. Llegará el día en que el ciudadano se desentienda totalmente del Estado y empiece a vivir de espaldas a él, buscándose la vida. Porque a esta nueva prohibición le seguirán muchas otras, todas con la única intención de exprimirnos y arrinconarnos, de eliminar cualquier atisbo de libertad. De tenernos bien estabulados en nuestros barrios degradados, sin movilidad, sin posibilidad de prosperar y sobrevivir con las migajas que esta gente tenga a bien darnos.
La cuestión no es si nos parece bien o mal que se fume, la cuestión es, si es justo que se recorte la libertad.










