La Penitencia de Eduardo Zaplana

La Penitencia de Eduardo Zaplana . Por Jorge Garcia-Gasco Lominchar - AbogadoLa Penitencia de Eduardo Zaplana . Por Jorge Garcia-Gasco Lominchar - Abogado

La Penitencia de Eduardo Zaplana

Hoy he escuchado en una radio que alguien del entorno de Eduardo Zaplana ha puesto en marcha una iniciativa de recogida de firmas en “Change.org” para solicitar la libertad del que fuera Ministro del Sr. Aznar.

Ciertamente, nunca se me habría ocurrido que una persona con su perfil y su trayectoria profesional y personal fuera a echar mano de una herramienta como esa; cierto es que la iniciativa no la ha pilotado él (al menos, no aparentemente) pero supongo que contará con su beneplácito, por aquello de “Lo que sea, con tal de salir”.

Lo cierto es que su situación procesal está dando mucho de qué hablar; incluso sus antiguos y más acérrimos adversarios claman públicamente por su puesta en libertad, por motivos de humanidad, dado su precario estado de salud y, salvo la opinión de algún dirigente oportunista, más propia de un vendedor de crecepelos que de un político serio, no están exentos de razón.

Desde luego, la jueza instructora debe tener razones y motivos de mucho peso (quiero pensar que sólo jurídicos) para perseverar en la medida de prisión provisional; motivos, por cierto, avalados por la fiscalía y la Audiencia Provincial, quienes hasta en 4 ocasiones han respaldado la decisión de la magistrada.

No obstante, quizás vaya siendo hora de que replantearse las cosas. Motivos no faltan. La medida de prisión provisional es la última de las posibles y en un caso tan especial como este, creo que existen alternativas más racionales que el puro y duro talego, por muchos médicos que haya en Picassent.

En este país, como en la mayoría de los de nuestro entorno, la prisión provisional sólo cabe adoptarse cuando concurre alguno, o algunos, de los siguientes elementos:

1.- Riesgo de fuga.

2.- Riesgo de manipulación de pruebas y de reiteración delictiva.

No vamos a entrar en un análisis pormenorizado de la doctrina del Tribunal Supremo al respecto, pero baste decir que sinceramente, no me imagino yo a Zaplana en su situación, escapándose “a lo Luís Roldán” cuando tiene el foco mediático metido hasta en la sopa y apenas se puede mantener en pie.

Respecto del riesgo de manipulación de pruebas y de reiteración delictiva, tampoco me parece a mí que esté en disposición de hacer gran cosa; ni por ganas, ni por opciones. Estaría más que vigilado y controlado allá donde fuera o estuviera.

Hay que añadir que la causa esté bajo secreto de las actuaciones, lo que por otro lado genera a cualquiera una enorme incertidumbre al no tener acceso al procedimiento y, en consecuencia, no saber muy bien de qué te tienes que defender; podría tener micrófonos en su casa y no saberlo.

Cierto es que en las causas que se encuentran bajo secreto, es habitual que las prisiones preventivas se mantengan mientras estén bajo esa condición de secreto, pero esto se suele dar en casos mucho más serios, como homicidios, asesinatos, agresiones sexuales, etc… y no en casos como el presente.

Además de todo esto, no podemos ni debemos olvidar que ya lleva 7 meses a la sombra, que no es poca cosa, y que se trata de una persona que NO ha sido juzgada todavía, por lo que es inocente, de momento.

Nos regimos bajo el llamado Imperio de la Ley, pero eso no está reñido con un sistema compasivo, humano y permeable al sufrimiento de los ciudadanos; al fin y al cabo, no somos máquinas. En el pasado reciente hemos dado ejemplo de ello excarcelando a presos en situaciones parecidas.

Algo pasa con el Sr. Zaplana… No es un investigado “al uso”

A menudo, pienso que lo que le pasa al Sr. Zaplana es que está preso de sí mismo, y que si fuera una persona anónima, sin su pasado ni su herencia política (un traficante de drogas, por ejemplo), la instructora probablemente ya lo hubieran excarcelado; pero claro, Zaplana es mucho Zaplana y en este bendito país el Quinto Poder, llamado Corrección Política, impone con inclemencia medieval una ortodoxia “erga omnes” (incluidos los jueces) que a menudo pesa más que la propia Ley.

En definitiva, a estas alturas, con el Sr. Zaplana pasando más tiempo en el hospital que su “chabolo” (sin poder comunicar con sus abogados, por cierto), humildemente creo que es más humano, más compasivo y más ajustado a sus circunstancias que esté en su casa, bajo la vigilancia necesaria y previo pago de una buena fianza, porque no me parece a mí que este hombre esté en condiciones de hacer ninguna trastada que pueda poner en peligro el buen fin de la investigación, y porque, la verdad, no me quiero ni imaginar la que se puede liar en este país si Eduardo Zaplana fallece en prisión…

Jorge Garcia-Gasco Lominchar – Abogado –