La hemeroteca tiene una virtud: nunca olvida.
No opina.
No interpreta.
No manipula.
Simplemente recuerda.
Y eso es, probablemente, lo que más incomoda hoy a Mónica Oltra.
Ha vuelto a la primera línea política y no ha necesitado mucho tiempo para dejar claro cuál va a ser su hoja de ruta.
No ha hablado de cómo crear empleo.
No ha hablado de cómo atraer inversión.
No ha hablado de cómo facilitar que los jóvenes puedan construir un proyecto de vida.
Ha preferido volver a las viejas recetas de la izquierda: señalar al que prospera, enfrentar a unos con otros y convertir el éxito ajeno en un problema.
Su última propuesta lo resume perfectamente:
«Debemos topar la riqueza que uno puede tener (…) Esa cantidad de dinero va ligada a una cantidad de poder.»
Confieso que me preocupa mucho más esa frase de lo que algunos creen.
Porque no habla de ayudar a quien menos tiene.
Habla de poner límites a quien más consigue.
Y ahí está la diferencia entre dos formas completamente distintas de entender la política.
Yo creo que la política no está para decidir cuánto puede ganar una persona.
Está para garantizar que cualquiera, con esfuerzo, talento y trabajo, pueda llegar tan lejos como sea capaz.
Nosotros defendemos crear oportunidades.
No poner techos.
Nosotros defendemos premiar el esfuerzo.
No penalizar el éxito.
Nosotros defendemos que cada vez haya más valencianos que prosperen.
No que nadie pueda prosperar demasiado.
En definitiva, unos creemos en la libertad.
Otros creen que el poder político debe decidir hasta dónde puedes llegar.
Pero quizá lo más llamativo no sea su propuesta económica.
Lo verdaderamente llamativo es quién la formula.
La misma Mónica Oltra que, en 2009, se dirigía a Francisco Camps desde la tribuna de Les Corts con una contundencia que hoy conviene recordar:
«Yo, desde luego, el día que me vea como usted, imputada… ese día me iría a mi casa.»
La misma que en 2016 exigía públicamente la dimisión de Rita Barberá incluso antes de que fuera investigada.
Entonces no había matices.
No había lawfare.
No había conspiraciones.
Había dimisiones.
Había ejemplaridad.
Había una exigencia ética que parecía innegociable.
Y precisamente por eso creo que la contradicción merece una reflexión política.
Y también una reflexión ética.
Porque cuando las circunstancias cambiaron y fue ella quien quedó inmersa en un procedimiento judicial, también cambiaron sus principios.
Mónica Oltra dejó la Vicepresidencia de la Generalitat en 2022. No fue una decisión espontánea, sino en un contexto de intensa presión política, mediática, también dentro de su propio partido.
Ahora se sentará en el banquillo después de que un órgano judicial haya considerado que existen motivos más que suficientes para que los hechos sean enjuiciados. Como cualquier ciudadano, mantiene su presunción de inocencia hasta que exista una sentencia firme.
Pero una cosa es la responsabilidad penal y otra muy distinta es la responsabilidad política.
Siempre he defendido que la ejemplaridad política no puede depender del color del carné.
No puede exigirse al adversario y desaparecer cuando afecta a los propios.
No puede convertirse en un principio cuando gobiernan unos y en un estorbo cuando la situación cambia.
Por eso no comparto el victimismo ni el intento de convertir un procedimiento judicial en un relato político.
Los hechos son los hechos.
Y las palabras también.
Por eso, ¡ojo! al modelo de esta señora…
La misión de la política no es decidir cuánto puedes ganar.
Es conseguir que cada vez más personas puedan ganar más.
No hay que poner techo al éxito.
Hay que quitar obstáculos al esfuerzo.
No hay que limitar la riqueza.
Hay que multiplicar las oportunidades.
No hay que repartir pobreza.
Hay que crear prosperidad.
Ese es, a mi juicio, el verdadero debate.
No el relato.
No el victimismo.
No la demagogia.
Y por encima de cualquier estrategia política hay algo que nunca debería olvidarse.
El respeto a la Justicia.
El respeto a las instituciones.
El respeto a los valencianos.
Y el respeto a la menor cuyo caso dio origen a todo este procedimiento.
Las palabras importan.
La coherencia también.
Por ello,
la hemeroteca tiene una pregunta para Mónica Oltra.
¿La Mónica Oltra de 2009 pediría hoy la dimisión de la Mónica Oltra de 2026?









