Juanvi Pérez Aras, Una nueva etapa, un nuevo ciclo, una nueva oportunidad.

La canícula ha llegado con ola o sin ella, como todos los años. Nadie es ajena a ella y menos aún en esta época de la sobre-información donde vivimos bajo el yugo del internet de las cosas, para bien o para mal. Eso ya lo veremos.

Pero la canícula también está afectando al ecosistema político. Con la imparable revolución “Sanchista” y su temida,por incierta, hoja de ruta en marcha, la política española se convulsiona todavía por los efectos electorales.

Pendientes de la Investidura o de una nueva cita electoral con el cambio de estación, los Partidos Políticos sin excepción, siguen inmersos en la difícil tarea de asimilación ad intra de unos resultados que no han dejado indiferente a nadie, cuerpo electoral incluido.

Las cúpulas organizacionales y las estructuras de poder territorial afrontan una gestión de crisis poniendo en valor la importancia del Plan B, del que carecían.

Las bases empiezan a despertar de su letargo y reclaman todo aquello que se les había prometido. Porque en una  Democracia con 40 años de rodadura, no podemos rendirnos ante las amenazas de caos ni a los chantajes coactivos.

Todos estos años han puesto de manifiesto la capacidad de los ciudadanos para una continua regeneración. Para que las formaciones políticas alcanzaran su madurez, abiertas a los problemas reales de la sociedad y así, poder adaptarse desde el Gobierno o desde la Oposición a los cambios políticos que dicta el veredicto inapelable de las urnas.

Por ello, el Partido Popular en nuestra tierra debe seguir trabajando para resolver los graves problemas que afectan a una sociedad que no consigue despertar de esa pesadilla de los gobiernos de progreso en sus versiones botánicas.

La sociedad necesita un Partido Popular fuerte, como antídoto eficaz al virus populista que afecta a nuestra izquierda, nacionalismos incluidos. Debemos dinamizar nuestra actividad y liderar desde la Oposición esa difícil travesía.

El Partido necesita más que nunca, seguir y sentirse “vivo”, sin caer en el error de trasladar los centros de decisión solo al ámbito institucional.

El Botaníc II persiste en confundir militantes y funcionarios, un grave error. Frente a ello, el PPCV debe a ser un instrumento ágil, vivo y útil a la sociedad valenciana. Debemos evitar el atisbo de esclerosis y parálisis que hemos estado a punto de padecer.

Si mantuvimos veinte años el Gobierno, fue por centrar y unificar nuestro mensaje político. Ahora más que nunca el Partido debe ser un semillero de dirigentes para garantizar la renovación de la vida política valenciana. Así nos lo exige nuestra militancia, a la que le debemos todo, pues sin ellos no somos nada.

La fuerza del Partido es su unidad y su estructura democrática, la libre elección de sus cuadros desde las bases y el libre debate de las líneas políticas a aplicar desde el conocimiento y la experiencia de años de gestión en las Instituciones, de las realidades de esos pueblos y comarcas que componen nuestra identidad provincial y el conjunto de la Comunitat Valenciana.

Unas bases imprescindibles que deben permitirnos desarrollar una genuina política de explicación pública y comunicación en contacto franco con los medios de comunicación, para hacer llegar los mensajes a la sociedad.

Un Partido atento, foco de confianza de un cuerpo electoral cada vez más complejo, escuela formativa de la política y de la gestión administrativa.

Un Partido democrático, sólido, versátil, un útil instrumento de discriminación de la excelencia social entre los valencianos.

Es cierto que ésta es una labor de largo recorrido, pero no podemos perder ni un minuto. Ha llegado el momento de, con decisión y agilidad, reordenar el papel del Partido para los próximos años.

Para ello es imprescindible reforzar la estructura organizativa del Partido, mejorando la relación democrática entre la dirección y la base afiliada, porque solo así estaremos en condiciones de afrontar con garantías los nuevos cambios que la sociedad valenciana y española va a contemplar en los próximos tiempos.

Una organización que afronte una compliance continua ante el innegable incremento de la sensibilidad social respecto de la ética en la política, internalizando estándares éticos y legales como protocolos de buen gobierno de obligado cumplimiento.

Nuestra tierra necesita un PPCV fuerte, abierto, no cerrado en sí mismo desde un concepto conspirativo, sino flexible y ágil. Un Partido atento a la escucha de la polifonía de mensajes, con frecuencia “contradictorios”, que emite una sociedad cosmopolita como la valenciana.

Desde esos objetivos estratégicos hemos de proponer la necesaria adecuación de los mecanismos organizativos y de los Estatutos que garanticen la revitalización democrática de la vida del Partido en el próximo periodo congresual para que el instrumento y la mediación de la acción política del PPCV logre estas metas marcadas con eficacia y celeridad y así readecuar el papel del Partido a la nueva realidad.

Juanvi Pérez Aras. Politólogo. Ex-diputado nacional.