Fernando de Rosa “Gobernar de rodillas”

No se ha precisado históricamente si la frase más vale morir de pie, que vivir de rodillas la pronunció Emiliano Zapata o el Che Guevara. En todo caso, la izquierda ha hecho suya esa soflama, intentando contraponer su carácter supuestamente progresista, al conservadurismo limitador de las libertades que atribuyen a la derecha. Recientemente, con ocasión de la derogación del artículo del Código Penal que imponía penas de cárcel a los piquetes violentos en las huelgas, el Gobierno ha utilizado la publicación de dicha ley en el Boletín Oficial del Estado para en el preámbulo de la misma, atribuir al gobierno popular el hecho de proceder al “desmantelamiento de las libertades y especialmente de aquellas que afectan a la manifestación pública”.

Es curioso cómo la izquierda siempre asume el carácter de defensora de las causas justas, menospreciando los avances, la buena gestión y los excelentes resultados que los gobiernos del Partido Popular. Esa es la dicotomía en la que nos quiere introducir el maquillaje manipulador propagandística. El gobierno social-comunista se pretende vender como uno de los mayores logros de la historia de la democracia en España, pues esos dos partidos de izquierda han sido capaces de sumar fuerzas, asumiendo la gestión de la nación, haciendo frente a todos los males que vienen por la derecha. Sin embargo, como he dicho, eso es solamente maquillaje informativo fruto de la fontanería de Iván Redondo, sus acólitos y terminales informativas.

La realidad es muy distinta. Pedro Sánchez gobierna de rodillas. Solamente así, con la rodilla hincada, pudo conseguir los apoyos de EH-Bildu para su investidura. Con tal de llegar al poder y mantenerse en él, no le importa menospreciar a las víctimas del terrorismo, acercar a los presos etarras al País Vasco, o ceder a esta Comunidad Autónoma la competencia en materia penitenciaria. El sanchsimo ha olvidado a las víctimas, entre las cuales también había cargos electos de su partido, los cuales, junto con otros cargos del Partido Popular, funcionarios de prisiones, jueces, fiscales y miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, entre tantos muchos, plantaron cara con valentía a la sinrazón y a la barbarie del terrorismo.

Genuflexo también se puso Pedro Sánchez frente a Esquerra Republicana de Catalunya. El objetivo era el mismo: llegar al poder y mantenerse en él. Se acerca el momento en que el sanchismo tiene que pagar peajes frente a los independentistas. Desde el gobierno de la Generalitat catalana le reclaman la reactivación de la “mesa de diálogo bilateral” entre España y Cataluña, y, por otro lado, está cercano el momento en el que llegue al Consejo de Ministros la propuesta de indulto para los líderes del “procés”.

El Ministro de Justicia nos ha sorprendido con las afirmaciones de que ese momento lo tendremos que vivir con naturalidad, como si de la llegada de la primavera o del verano se tratara –añado yo-. Sin embargo, el indulto no es fruto de un ciclo natural tras la comisión de un delito, sobre todo, si son tan graves como los que afectan al orden constitucional, estatuario y legal. No es natural indultar sin arrepentimiento.

El presidente del Gobierno insulta a la ciudadanía cuando dice que en la Constitución no cabe la revancha. En el texto constitucional cabe el respeto a la ley, el cumplimiento de las sentencias, la protección de los derechos y libertades fundamentales, y la igualdad entre todos los españoles. No puede indultarse a los que prometen volver a intentar dar un golpe de Estado para romper el orden constitucional. Como indica el Tribunal Supremo, no hay razones de Justicia, equidad ni arrepentimiento para otorgar dichos indultos.

Pedro Sánchez es un gobernante débil, y esa fragilidad también la ha podido detectar Marruecos. Estamos sufriendo la mayor crisis diplomática de los últimos tiempos con nuestro país vecino. Marruecos lanza al mar niños para intentar doblegar a España y hacerle chantaje, desconociendo y vulnerando los derechos humanos de todas las personas a las que les han dejado atravesar la frontera marroquí para entrar en territorio español.

Sánchez es un presidente que gobierna de rodillas, sin ser capaz de levantar la frente, sacar pecho, y defender dentro y fuera de nuestras fronteras la integridad territorial de nuestra nación, y los derechos y libertades de todos los españoles por igual. Por ello, debo decir que más vale gobernar de pie y con dignidad, que hacerlo arrodillado. Es tiempo de que el ciclo del sanchismo aupado en el comunismo e independentismo, llegue a su fin, y se devuelva a las instituciones la dignidad que le han arrebatado.