Recordemos al lector que, en el mundo de la zarzuela, un disparate es una pieza de un solo Acto, en donde se combinan lo grotesco con la sátira, aderezado con un guion de astracanada, el absurdo que raya en el surrealismo.
Y esto es justo lo que ideó el tenor belcantista madrileño, con mucho gracejo, acercándose al subgénero dieciochesco del pastiche. Aunque este término pueda resultar peyorativo, conviene recordar que, en el Siglo de las Luces, hubieron divertidos creadores de pastiches, como Charles Dibdin (1745-1814), quien, al igual que Enrique Viana, era cantante, actor y dramaturgo, amén de compositor y arreglista. Los valencianos tuvimos la ocasión de escuchar un divertido pastiche de Dibdin en el Palau de la Música, con ocasión de los fastos del año 1992.
El escenario era un teatrín, parecía simular una maqueta recortable de las que se conservan en el Institut del Teatre de Barcelona, obra de los grandes pintores escenógrafos catalanes como Francisco Soler Rovirosa u Olegario Junyent, entre otros. Los vestuarios, una mezcla entre el cómic y los dibujos animados. La luminotécnica tuvo sus pequeños instantes de gloria, uno de ellos iluminando con sus respectivos colores las tres jaulas de los pájaros. Todos ellos ingredientes ideales para conseguir un espectáculo de calidad, hilarante.
La dirección escénica, -en manos de Enrique Viana-, rompió el principio teatral de la cuarta pared, ya definido por Diderot en el siglo XVIII, haciendo que los actores y cantantes se dirigiesen a los espectadores con el propósito de interactuar con ellos y vincularlos a la propia historia argumental. Otra buena idea escénica es convertir todo el teatro en un escenario, al entrar los personajes por las puertas laterales del público.
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En la coreografía, pudimos observar un recuerdo al gran Marius Petipa, con sus formaciones giratorias, geométricas y florales. La misión de los pianistas estaba bien delimitada.
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Stanis Angelov llevaba el peso del discurso musical.
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Miquel Carbonell acompañaba en los números de conjunto y los instrumentales.
Los teclistas interpretaban enlaces musicales entre los sketches, partiendo de la pieza anterior hasta alcanzar la siguiente. La selección de las partituras de José Serrano Simeón, recogida con muy buen gusto, desde la elegante <Marinela, Marinela> de la opereta “La canción del olvido” hasta <rosita de olor>, de la ópera postrera “La venta de los gatos”.
Los cantantes realizaron un gran trabajo, una grata labor de conjunto. Se trata de voces en formación del Centro de Perfeccionamiento del Palau de Les Arts, con mucho futuro. Sobresalió por su pundonor el barítono mejicano Omar Lara, quien compareció en el proscenio, pese a estar enfermo. Eso sí: su delicado estado de salud le impidió cantar la <Serenata a la luna: Ya en el cielo azul>, de la revista musical “El Príncipe Carnaval”. En suma: un divertido espectáculo, que se escuchó con agrado.
FICHA TÉCNICA
Lugar y fecha: Palau de Les Arts, Teatro Martín y Soler, sábado, 21 de febrero, 19 horas.
Programa: “Un misterio de sainete o zarzuela a la cazuela”, disparate cómico-lírico en un acto y diversos cuadros con libreto de Enrique Viana y piezas musicales de José Serrano.
Dirección de escena y vestuarios: Enrique Viana.
Escenografía: Daniel Bianco.
Iluminación: Juanjo Llorens.
Coreografía: Cristina Arias.
Reparto: Federica Fiori, mezzosoprano (abuela quinta); Filipp Modestov, tenor (abuela cuarta); Joaquín Cangemi, tenor (abuela tercera); Holly Brown, soprano (abuela sexta); Nuada Le Drève, soprano (abuela segunda); Omar Lara, barítono (abuela primera); Eugenia Morera, bailarina (abuela séptima); Alberto Martín De Miguel, bailarín (abuela octava).
Pianistas: Stanis Angelov, Miquel Carbonell.










