Pedir ayuda no suele ser el primer paso para quienes atraviesan una adicción. Según el Observatorio Proyecto Hombre 2025, elaborado a partir de 4.396 personas atendidas en España, la edad media de acceso a tratamiento se sitúa en 40,7 años.
El tiempo transcurrido antes de acudir a tratamiento también resulta significativo: la media alcanza los 19 años en los casos relacionados con el alcohol y los 14 años en los de cocaína.
La demora no responde únicamente a la falta de información. La vergüenza, la culpa, el miedo a ser juzgado y la idea de que la adicción es una cuestión de voluntad, carácter o “vicio” también pueden actuar como barreras. UNAD, la Red de Atención a las Adicciones, ha advertido de que la estigmatización dificulta el acceso al tratamiento e incluso la permanencia en él.
A estas dificultades se suma una barrera menos visible: el autoengaño. La persona puede percibir que algo no funciona, pero pensar que todavía controla la situación, que podrá parar cuando quiera o que su caso no es suficientemente grave.
Sobre esta cuestión habla Miguel Moreno, terapeuta, integrador social y director terapéutico del Instituto Siquisia en Sevilla, en el nuevo episodio de ‘Hablemos de Adicciones’, el podcast de Esvidas.
Moreno define la adicción como “la enfermedad del autoengaño y de la negación”. Según explica, esta dinámica contribuye a que las personas continúen diciéndose que pueden controlar el consumo o que no necesitan ayuda.
Además, el terapeuta rechaza la visión estigmatizada de quienes sufren esta enfermedad: “El adicto no es una persona viciosa ni que solamente piense en ella. Es una persona que ha perdido la voluntad”.
Del consumo a la dependencia y la pérdida de control
Durante la conversación con Guillermo Acevedo, conductor del podcast, socio fundador y director de Esvidas, Moreno diferencia entre uso, abuso y dependencia.
La distinción resulta relevante porque no todas las personas que consumen desarrollan una adicción. En palabras del terapeuta: “No es adicto el que consume. Es adicto el que ha perdido el control”.
Moreno explica que el proceso también pasa por distintas fases de reconocimiento: “Al principio, la persona no contempla que tiene un problema y vive desde la absoluta negación; después empieza a verlo, pero todavía sigue sin pedir ayuda; y más tarde empieza a barajar posibilidades”.
Ese periodo entre reconocer que existe un problema y acudir a profesionales es definido en la conversación como “silencio clínico”: “El tiempo que pasa desde que una persona sabe que tiene un problema hasta que se pone en manos de profesionales”.
Cuando la dependencia ya está instalada, Moreno señala que “la persona ya no consume desde la libertad, sino desde la necesidad de calmar, anestesiar o silenciar un malestar que no sabe gestionar de otra manera”. En este sentido, añade: “el adicto consume porque hay un alma rota”.
La recuperación va más allá de dejar de consumir
La conversación también diferencia entre abstinencia y recuperación. “Una cosa es estar en rehabilitación y otra cosa es estar sin consumir”, explica Moreno.
José Manuel Zaldúa, psicólogo, socio fundador y director de Esvidas, señala que dejar de consumir es necesario, pero no suficiente: “Una persona puede estar sin sustancia y seguir atrapada en los mismos patrones emocionales, las mismas mentiras, la misma impulsividad o forma de relacionarse con el malestar”.
Por ello, Zaldúa destaca que la recuperación implica trabajar aspectos como la culpa, la honestidad, la humildad, la gestión emocional, la red de apoyo y la relación de la persona consigo misma y con los demás.
Moreno resume el objetivo del proceso con una frase: “A un centro de adicciones no se llega para estar sin consumir. El objetivo es ser feliz sin consumir”.
El papel de la familia y el apoyo del grupo
La adicción también tiene consecuencias en el entorno. Moreno recuerda que “es una enfermedad familiar” y apunta a situaciones como la sobreprotección o la codependencia. Según explica, “de la mano de la adicción se genera una enfermedad paralela”.
El terapeuta advierte además sobre determinadas actitudes que pueden terminar sosteniendo la enfermedad, como “tapar a la persona, pagar sus deudas…”. Por su parte, Guillermo Acevedo recomienda “que los familiares acudan a terapia de la misma forma que lo hacen los adictos”.
Frente al aislamiento, Moreno reivindica también la importancia del grupo y de compartir experiencias con otras personas en proceso: “Hace falta un sentimiento de pertenencia, hace falta un sentimiento de identificación, hace falta una autoayuda, hace falta un grupo”.









