Fernando Esteso, quien residía en Valencia desde hace años, ha fallecido en el Hospital La Fe la madrugada del 1 de febrero a los 80 años
Nació el 14 de enero de 1945 en Zaragoza, maño de corazón y valenciano de adopción, ya que desde hacía muchos años residía en la capital de la Comunitat Valenciana. El mundo del cine y de la comedia se viste de luto para despedir a una de sus grandes estrellas, que nunca obtuvo un Goya, pero tampoco le hizo falta para ser un icono del mundo audiovisual español. Famoso por sus «españoladas» y su orgullo patriota, el zaragozano deja un profundo vacío que ya no se puede llenar con risas. El presidente de Aragón, Jorge Azcón, ya ha publicado su pésame en Twitter, así como Santiago Segura, quien ha colaborado con él en múltiples ocasiones.
Sus inicios en el cine
Desde que era un niño supo que quería dedicarse a uno de los oficios más nobles que existen, el hacer reír a otras personas. Comenzó trabajando como payaso junto a su padre, ya que pertenecía a una familia de artistas itinerantes; llevaba el arte en la sangre. Buscó fortuna en Madrid, donde consiguió actuar en el teatro comenzando a labrar su carrera artística, aunque no sería hasta 1973 cuando conseguiría debutar en el medio que más tarde le dio la fama.
Debutó en «Celos, amor y Mercado Común» bajo las órdenes de Alfonso Paso y con un elenco de estrellas como Tony Leblanc, José Sazatornil y Victoria Vera, entre otros. Este papel le valió para ganarse el aprecio tanto de los espectadores como de los productores y directores del momento, quienes no dudaron de su talento y supieron ver la estrella que se estaba creando. Después de esta primera aparición consiguió el papel protagonista para la película «Onofre», que ya dejó pinceladas sobre el futuro género que marcaría el inicio del ascenso de su carrera y la revolución sexual.
La revolución del destape y la transición
Desde 1977 hasta 1984 realiza 21 películas, siendo el protagonista en la gran mayoría y entre las cuales destacan «El soplagaitas», «Los bingueros», «Yo hice a Roque III», «Los caraduros»… Pero, como todos los artistas revolucionarios, su arte vino de la mano de un cambio generacional, un cambio que gritaba libertad con la mejor arma para hacerlo: el humor.
En una España que todavía estaba transicionando a una democracia y cuyos valores arraigados comenzaban a temblar, supo radiografiar la realidad y llevarla a la gran pantalla con un cine que nos dejaba ver lo que sucedía, pero sin dejar de reírnos de nosotros mismos. Fueron películas como «Caray con el divorcio» o «La Lola nos lleva al huerto» las que lograron dinamitar los muros impuestos previamente y que consiguieron generar un impacto en una España cada vez más liberal, con las famosas «suecas» ya merodeando por nuestras playas.
Fernando fue uno de los estandartes de este cambio y que mostraron la sexualidad marcada por personajes que sucumbían ante las curvas de sus «contrarias», un cine en el que el hombre era una marioneta que obedecía solo a los impulsos de su líbido, una suerte de «pelele» berlanguiano. Con Esteso comenzó una revolución sexual que traspasó las pantallas y se instauró en la propia sociedad, comenzando una etapa de libertad, utilizando la mejor arma que hay para generar cambios: el humor.
Pajares y Esteso, una dupla mágica
Fue en este ambiente liberal donde se junta con su mejor pareja de baile en escena, Andrés Pajares, con quien llegó a colaborar hasta nueve veces entre 1979 y 1984, casi siempre bajo las órdenes del grandísimo director Mariano Ozores. Una pareja que se coló en todos los hogares españoles y cuya química en escena era tan mágica que siempre serán recordadas escenas como el pesaje en «Yo hice a Roque III».
Fernando Esteso, un icono en la cultura popular
Aunque para muchos Fernando llegó a su vida por la famosa frase de Estela Reynolds (Antonia San Juan) en La que se avecina, «Fernando Esteso me chupó un pezón», Fernando ya se había instaurado como genio cómico. Y es que es difícil encontrar canciones que le puedan competir a Paquito el chocolatero, pero quién no ha cantado la famosa «Ramona» en las fiestas de su pueblo. Fernando llegó a través de nuestros ojos y de nuestros oídos para quedarse a vivir en nuestros corazones.
Aunque no haya recibido premios, el mayor premio es el impacto que ha tenido en nuestras vidas y en las de tantas generaciones que han crecido y madurado viendo sus películas. Su mayor premio es su popularidad entre todos los hogares de España, quienes lo reconocen como lo que es: un emblema de la comedia nacional, un hombre que nos hizo reír a base de «españoladas» y que nos mostró que no hay nada como reírse de uno mismo. Hoy soltó su última carcajada uno de los cómicos más importantes de nuestro país.













