Los problemas de seguridad y convivencia en las calles se Valencia se multiplican y afectan a cada vez más barrios

El problema de la delincuencia no cesa en Valencia, las autoridades parecen que se conforman con llevarlo de una aldo a otro, como un tómbola que toca cada cierto tiempo a un vecindario.

Los vecinos no se conforman y advierten que desde que se están centrando las actuaciones policiales en Orriols, por contra se están olvidando otros barrios cercanos. Ya los vecinos de San Antonio advertían hace semanas del aumento de la delincuencia que habían notado en los últimos meses. Ahora es la Zaidía la que advierte de peleas, botellones y delincuencia.

Parece que la nula previsión en siete años han hecho mermar tanto la plantilla de la Policía Local de Valencia que ahora están bajo mínimos de agentes. Así, para aumentar la presencia policial en algunso barrios han de detraer estos agentes de otros. Esto no pasa desapercibido entre los delincuentes que aprovechan esta escasa presencia policial.

Los barrios de Valencia exigen soluciones a los problemas que se cronifican por la nula actuación de las autoridades

Los barrios de Valencia, habitualmente tranquilos ahora son foco de delincuencia y descontrol. No es culpa de los agentes de la polícia local que continúan con su árduo trabajo. Los responsables hay que encontrarlos en despachos de la Casa Consistorial. Nula previsión y venta de humo, mientras la plantilla de agentes cada vez es más ínfima.

En cuanto a la Policía Nacional es caso similar. La plantilla en Valencia ha menguado, y ahora que llega el verano han de destinarse a los agenets a zoans de playa para dar una sensación de «seguridad». Esto merma los efectivos en las calles, y los problemas aumentan.

Hace tan solo unos días los vecinos de Orriols pedían que la «policía no se fuera de vacaciones» y siguieran actuando en el barrio.

Los problemas en toda la Ciudad

Pero si realizamos una mirada por toda la Ciudad los problemas casi se multiplican por todos los barrios. Si no, en las Casitas Rosas de la Malvarrosa, el problema no cesa. Tampoco en el Cabanyal, donde en un simple paseo, casas ocupadas nos intentarán vender toda clase de estupefacientes a plena luz del día.

No queramos pasear por el entorno de Bloques Portuarios en pleno Cabanyal, porque podemos acabar en calzoncillos o incluso sin ellos.

Si acudimos a zonas como La Plaza Honduras, o el Cedro, esperemos no sean vecinos que les gusta dormir, porque los botellones cada fin de semana se repiten para desesperación vecinal.

¿Y las soluciones pa’ cuándo?

Pues en unos casos las autoridades niegan los problemas, como el vice-alcalde Sergi Campillo con los problemas de botellón en Honduras y Ciutat Jardí. Otras veces, es el propio concejal de policía el negacionista de la realidad.

El problema es que echar la culpa a gobiernos anteriores cuando uno lleva ya siete años gobernando ya no cuela. La inacción y la incompetencia ya son evidentes. El equipo de gobierno ha perdido el pulso a la ciudad y niega la realidad. Viviendo en uan realidad paralela de fiestas y boatos de los que antes renegaban, pero ahora se encuentran muy cómodos.

Después de siete años ya es hora de que las autoridades municipales se pongan a trabajar por sus ciudadanos y se dejen de fiestecitas y de negar la realidad.