La Comunitat Valenciana afronta este fin de semana con los peores datos de la pandemia. Una tercera oleada completamente desbocada y con los hospitales rozando la saturación.

La incidencia acumulada disparada

La media de esta cifra que representa la incidencia acumulada de casos COVID por cada 100.000 habitantes en el caso del Estado asciende a los 575,10 casos. Muy lejos del objetivo del Gobierno de bajarlo a 25 casos. Llegamos a abajr a una incidencia de 300 casos. Ahora arrastrado por las malas cifras de la mayoría de Comunidade Autónomas, crece sin parar.

En el caso de la Comunitat Valenciana hemos pasado de la incidencia acumulada (IA) de 393 caos del viernes de la semana pasada a los 760 de este viernes.

La incidencia la encabeza Extremadura con una cifra completamente disparada de 1220 IA. Le sigue Murcia con una IA de 889 casos. Luego está Castilla La Mancha con una IA de 780. La cuarta autonomía con mayor incidencia es la Comunitat Valenciana con los 760 casos.

Fuerte preocupación por la incesante presión hospitalaria

La mayor preocupación ahora mismo en la Comunitat Valenciana es la fuerte presión hospitalaria. Así, según datos del propio Ministerio de Sanitat, acercándose ya a un 50% de ocupación de las UCI por pacientes COVID.

También en general la ocupación hospitalaria está por encima de un 30% de camas ocupadas por pacientes COVID.

Pelea entre los miembros del Botanic

Cada uno de los miembros del Botanic tiene un punto de vista distinto de las medidas a tomar. Así, Podemos aboga directamente por un confinamiento domiciliario, incluída la suspensión de las clases escoalres.

Compromís también pide ya una confimaniento domiciliario para atajar la curva de contagios. Quiere que el President Puig lo solicite formalmente. Pero desde el PSPV, el President Chimo Puig se resiste a tomar estas medidas y cree que aún hay amrgen de medidas a tomar si empeoran los datos, que ya de por sí están completamente disparatados.

Sin una voz común en el Consell, parece que cualquier medida más restrictiva se resiste a tomar, quizá por la impopularidad de las medidas. Aunque los dirigentes políticos deben gestionar no en base a la popularidad de sus medidas y su resultado electoral, sino por el bien de los ciudadanos.