Nadie compra un billete de tren para participar en un debate sobre señalización.
Lo compra para llegar. Al trabajo, a una consulta, a una comida familiar. Alguien espera al otro lado. Esa es la promesa que sostiene las estaciones, las inversiones y los discursos sobre modernidad.
En Toledo, esa promesa quedó rota. Hay familias que tendrán que aprender a vivir con una ausencia mientras los responsables públicos preparan sus explicaciones. Una comparecencia termina. Una silla vacía sigue ahí cuando se apagan las cámaras.
Y, joder, eso debería determinar el tono de todas las respuestas. El respeto a las víctimas exige atender a las familias, esclarecer lo ocurrido y someter a examen a quienes tenían la obligación de protegerlas. Hasta arriba.
La primera reconstrucción ofrecida por Óscar Puente describe una avería del sistema de seguridad, la detención de los trenes y una autorización posterior para reanudar la marcha del AVE que terminó alcanzando al Iryo detenido.
Según el propio ministro, hubo tiempo para detectar y corregir aquella orden.
Ese tiempo exige una explicación. También las protecciones que debían impedir el choque. Porque «error humano» puede identificar una actuación concreta o convertirse en una cómoda operación de reducción: encoger toda una organización hasta que la responsabilidad quepa en la silla de un trabajador.
Las personas se equivocan. Quienes dirigen un sistema ferroviario cobran, entre otras cosas, por organizar las protecciones frente a esas equivocaciones. ¿Qué barreras debían seguir funcionando tras la avería? ¿Por qué no evitaron la catástrofe? Hay que investigar al trabajador, los procedimientos y la cadena de mando. La investigación debe seguir las pruebas aunque conduzcan a un despacho con coche oficial.
Hay, además, planes y calendarios oficiales.
- En febrero de 2024, el Gobierno anunciaba más de 700 millones de euros movilizados para renovar la línea Madrid-Sevilla y el despliegue de la nueva señalización ERTMS.
- En mayo, un informe de la CNMC recogía la previsión de sustituir el sistema LZB por ERTMS entre 2025 y 2026.
Pues enseñen las cuentas de esa modernización. Qué estaba ejecutado, qué seguía pendiente, qué calendario se estaba cumpliendo y qué garantías protegían la circulación durante los trabajos. El balance de un ministerio no puede cerrarse con el dinero anunciado: debe explicar qué protección estaba realmente en servicio.
Óscar Puente debe responder por lo que se decidió antes del accidente.
Explicar la última orden del centro de control no basta para explicar la gestión de un ministerio. Que presente las decisiones, las advertencias recibidas y las medidas adoptadas. El cargo incluye esa obligación. El sueldo también.
Pedro Sánchez debe responder por la exigencia que impone a su Gobierno.
Quien se atribuye los éxitos de sus ministros tiene que dar la cara cuando se examina su gestión. La confianza del presidente no sustituye a la confianza de los viajeros. Y la lealtad entre compañeros de Gobierno no puede estar por encima del deber de rendir cuentas.
La investigación establecerá las causas. No hace falta esperar al informe del accidente para presentar los expedientes de renovación y explicar las decisiones de gestión. Esperar conclusiones técnicas no obliga a guardar silencio sobre la dirección política ni concede al ministerio meses de inmunidad frente a las preguntas.
Si se acreditan incumplimientos, deben tener consecuencias, ocupe quien los cometió la silla que ocupe.
Y una dimisión tampoco salda la deuda: abandonar el despacho no borra lo que se decidió dentro. Faltaría más que marcharse sirviera para dejar de responder.
Las familias tendrán que afrontar algo mucho más cruel que una comparecencia: el teléfono que ya no sonará, la comida pendiente, la llegada que seguirán esperando durante unos segundos antes de recordar.
Los viajeros ya habían cumplido su parte. Pagaron y subieron al tren.
El billete incluía llegar.
Jose Navarro ✶











