Enrique Arias Vega: Unidad y extrema izquierda
La desunión de la extrema izquierda le hace perder peso electoral. Esa obviedad está llevando a algunos a postular desde una unión de siglas hasta la retirada en cada circunscripción electoral de aquellas que tengan menos posibilidades frente a la mayoritaria, como es el caso de Gabriel Rufián.
Lo tienen problemático los defensores de la unidad debido a las propias características de la izquierda más extrema, para quien muchas veces el enemigo a batir es quien más se le parece frente a sus adversarios políticos, por aquello de la pureza del mensaje.
La unión ya se consumó con el invento de Sumar, pero la coalición ha ido de más a menos. Ahora, algunos, como Antonio Maíllo tratan de reeditarla, con los mimbres que pueden, sin decir si contarán o no con Yolanda Díaz. Con quienes no lo harán son con los restos de Podemos, temerosos en el fondo de que queden desdibujadas sus siglas y se acaben perdiendo en el anonimato.
La otra hipótesis, la de votar a la lista con más posibilidades lleva a que sean los partidos nacionalistas o independentistas los que se beneficien del acuerdo, lo que favorecería, obviamente, a Bildu, Esquerra Republicana y BNG. Esto plantea un problema añadido en Cataluña a los Comunes, que no se considera menos que ERC.
Como se ve, la hipótesis de una generosidad de la izquierda radical para hacer frente al otro extremo del espectro político, no tiene más que dificultades. Mientras que la extrema derecha tiene un montón de partiditos sin más patrimonio que unas siglas sin valor alguno, en la extrema izquierda todo el mundo quiere ser protagonista, atribuyéndose más méritos que quien está a su lado.










