Enrique Arias Vega: Un tenor en medio de la sala
En el juicio del caso Koldo, el único que ha cantado, y de qué manera, ha sido el empresario Víctor del Aldama. Sorprende que un acusado se auto inculpe de delitos tan graves como es el caso, aunque en su intento se lleve por delante a sus dos coimputados y extienda la sombra del delito al presidente del Gobierno y al partido que lo sustenta.
Era previsible, no obstante, semejante actitud ante las declaraciones precedentes en medios de comunicación y la previa ruptura de vínculos entre los tres socios de la trama. Pese a ello, las manifestaciones del encausado son de tan extrema gravedad que han supuesto un terremoto político más allá de su verosimilitud, que habrá de decidirla el tribunal junto a otras pruebas procesales.
Frente a ellas, contrasta la declaración de Koldo García, en las que, según él, lo único que hacía era quitarle carga de trabajo a su jefe, José Luis Ábalos. Aun así, el antiguo asesor ministerial contradice al ex gerente del PSOE, Mariano Moreno, al decir uno que los sobres de liquidación de gastos sólo incluían billetes pequeños y afirmar, en cambio, el imputado que los había hasta de 500 euros.
Como se ve, nos encontramos ante personas que no son en absoluto de fiar ninguna de ellas. Y, más allá del derecho a mentir que tienen todos los acusados, y que se le supone a Aldama, el panorama es de un turbio que asusta. Pero, no obstante la clamorosa cantada del antiguo intermediario de las mordidas, decimos, corresponde al tribunal decidir si nos encontramos ante una teoría sin fundamento o si sus acusaciones merecen ser tratadas con todo el rigor que conlleva el caso.











