Enrique Arias Vega: Ucrania y la corrupción
Volodímir Zelenski ha debido remodelar su Gobierno por la corrupción de dos ministros por mordidas relativas al sistema de energía. No es la primera vez que el presidente ucraniano ve a su entorno envuelto en turbias acciones, pero esta vez ha tenido más repercusión y su popularidad, que llegó a alcanzar el 90 por ciento, ha caído hasta un 50 por ciento.
Ucrania tiene abierto no sólo el frente bélico por la agresión rusa, sino en retaguardia el de la corrupción. El asunto viene de lejos y las protestas contra la corrupción fueron uno de los ingredientes de las manifestaciones de Maidán, en la Plaza de la Independencia, de noviembre de 2013 a febrero de 2014, que propiciaron el cambio de régimen.
La corrupción ha sido, pues, una constante del país y el propio Zelenski, en su época de cómico, la fustigó cruelmente en sus intervenciones televisivas. Desde entonces, el fenómeno no ha amainado, sino que ha adquirido nuevas formas al socaire de la guerra.
La guerra, precisamente, es la que en aras de la unión nacional dificulta seriamente la lucha contra la podredumbre política y debilita las posibilidades de defensa del régimen de Kiev, que ve cómo su futuro se dilucida en unas conversaciones entre Rusia y Estados Unidos, en las que la principal consecuencia sería la pérdida del territorio ucraniano en manos de los invasores.
La otra consecuencia sería la dificultad para la integración del país en la Unión Europea, pues aparte de la colaboración occidental la UE impone como condición para pertenecer al club, entre otras cuestiones, la lucha victoriosa contra la corrupción, batalla que tampoco está ganando Ucrania.















