No hay nada como los hechos para confirmar algo, hoy se utiliza mucho la frase “ dato, mata relato”, y puede servir como herramienta; voy a intentar explicar las diferencias entre el vestir y el “buen vestir”, si bien el abuso del dato mata la poética de los propósitos cuando se usan de forma sistemática.
Hay personas que confunden el vestir, con comprar prendas caras, y esta es una teoría de nuevo rico, cuanto más grande, más caro, da estatus, pero no siempre es así, en muchas ocasiones se produce el efecto contrario.
No realicé ningún comentario a la muerte de Giorgio Armani y hoy viene al pelo; creador del minimalismo, de las líneas limpias, puras, sencillas, ejemplo de la elegancia, maestro de maestros, y el rey del buen vestir, punto.
Muchas personas recordarán que en nuestro país, se cosía en muchas casas, existían gran cantidad de tiendas de tejidos y las modistas abundaban. El ritmo de vida que nos han marcado y hemos aceptado, no deja tiempo para bagatelas, y menos para ir a comprar tejido y sacar tiempo para cosernos prendas. ¿Por qué de esta reflexión?, porque estas personas, especialmente mujeres , conocían, como se decía antes, “el paño”, y apreciaban el acabado de una prenda al mirarla.
Si te comento cuál es la costura de sangría, la mayoría dirá que es una bebida veraniega muy refrescante, pero incluso una mayoría de las persona que están en tiendas vendiendo ropa, no sabrían contestar y he realizado esta prueba. Por no dejaros con la duda, las chaquetas se cosen del revés, y la costura de sangría es la que se deja descosida en la manga, para al finalizar de coser, dar la vuelta a la chaqueta por ahí, para luego coserla con un pespunte. Si cogeis una chaqueta y le dais la vuelta a la manga veréis esa costura diferente. Este ejemplo destaca la falta de preparación, de conocimientos necesarios y de exigencia sobre cómo vender moda, no despacharla, y cómo afecta en el resultado final al consumidor.
Una chaqueta de cuadros no se vendía, si esos cuadros no casaban perfectamente hombro con manga, y el bolsillo debía coincidir simétricamente con los cuadros del delantero; ¿ sabéis lo que suponía?, desperdiciar parte de la tela para cuadrarlo, por lo tanto, un coste superior. Las mangas deben ir aplomadas y obtener una caída natural, eso conlleva trabajo y conocimientos concretos, imposible en la confección estándar.
Nos avisa el Sr. Juan Roig, dueño de Mercadona, que en unos años no cocinaremos, y llevaremos la alimentación a otro nivel, estaremos perdiendo la batalla de la calidad y de lo verdaderamente bueno, un arroz casero es insuperable, o cualquier comida casera.
Este es el mundo que nos está quedando, y no es nostalgia, es pura estupidez, quitamos lo bueno por lo inmediato, por la rapidez, y es a costa de la calidad; en general las prendas actuales en general, no pasan el mínimo examen de calidad, acabado y presencia, ni por asomo, llámame exigente.
Existía una herramienta de mejora, las composturas, pero en este momento te hacen un bajo, cobrando y listo, y digo mejora, porque la compostura es una adecuación para ajustar las incorrecciones de nuestro cuerpo y mejorar la presencia de la prenda; ¿cuál es el motivo de eliminarlas?, costaban una fortuna, necesitaban modistas, y solían ir al gasto de las empresas.
Quitando las firmas de cierto nivel, la calidad general ha caído, y ojo con algunas marcas, que tampoco están para tirar cohetes, hay que unir, calidad y estilo personal para vestir bien, podrías añadir ir la moda, pero no es imprescindible; como mucho con el low cost consigues cierta apariencia, pero no mucho más, porque en general las calidades son más que cuestionables y esto es una realidad.
Por lo tanto vestimos, lejos de vestir bien, y es un hecho, no es una opinión, es contrastable y se puede demostrar.
Para satisfacer este consumismo brutal, se ha buscado abaratar las prendas, esto se ha realizado mermando la calidad, pero manteniendo el margen comercial; no tenéis más que mirar las cuentas de resultado de muchas de estas empresas. Las cosas cambian, existe otra forma de entender la ropa y la vida, la pregunta es si lo hemos decidido los consumidores o se camufla la caída de calidad con una falsa modernidad. Se reduce la calidad, pero no los beneficios. Al menos si lo aceptas así, que seas consciente, que no deja de ser una manipulación masiva de la percepción de la elegancia, y de un falso buen vestir, una más de tantas otras, en este caso, “ dato, mata relato”.












