Juan Carlos Martínez Jiménez: ¡Sí, quiero ese vestido!
Este es el título de un famoso reality de televisión, donde se realiza un seguimiento de la compra del vestido de novia, con la participación de las novias en el proceso. Seguro que para el público masculino no tiene el más mínimo interés, nada que ver con el público femenino; casarse, el culmen de muchísimas mujeres, por muchas razones, con una frase casi mítica” es el sueño de toda mi vida”. Es posible que ahora se maquille un poco este deseo, y con las nuevas corrientes feministas, pueda quedar un poco trasnochado, la vida cambia, pero no tengo duda que sigue estando vigente para muchísimas mujeres, y lo he vivido en primera persona en la venta de trajes de novia.
En este maravilloso mundo de la moda, esta es la expresión máxima para agrupar en una prenda infinidad de expectativas, el diseño, el tejido, los bordados, todo tiene que ser perfecto, extremando lo que puede dar de sí un trozo de tela, que va a estar cosido no solo con hilo, también con muchas ilusiones y proyectos; es como un punto de partida de una nueva vida, bajo mi punto de vista, demasiada responsabilidad para un tejido compuesto simplemente por trama y urdimbre.
Esta compra va unida en la mayoría de las ocasiones de un trabajo grupal, incluso en mujeres de mucho carácter, con ideas muy definidas, y un alto nivel de seguridad, buscan el beneplácito de sus personas más allegadas, necesitan que se reafirme su elección para tener el sentimiento de una compra perfecta. Encontrar el vestido imaginado, ese que siempre han soñado, aunque no conocieras el modelo concreto, pero que ensambla perfectamente en tu mente, y te dices: “ este es”, en una catarsis personal, donde afloran los nervios, las lágrimas, y una emoción que se traslada a los acompañantes, incluso a los profesionales de venta, “lo hemos encontrado”, una satisfacción plena.
Es la compra más emocional que se puede realizar en el mundo de la confección, casi con toda seguridad, aquí en Valencia podría asemejarse a elegir el traje regional de valenciana, con un delicado cuidado por el mínimo detalle, cualquier arruga, la posibilidad de mejorarlo, que acarrea una tensión nerviosa que se transmite en el ambiente.
La boda, un evento cargado de simbolismo, con una gran dosis de ansiedad, que dicho sea de paso, creo que es un error, pero es imposible poder explicar esto a alguien que está inmersa en un cuento de hadas, de una “Cenicienta” moderna, que cree firmemente que estos vestidos tienen poderes mágicos, y que acertar en este paso te garantiza, casi con seguridad, un cuento con final feliz. Sin ser una cuestión profesional, es evidente, que el misterio está en construir una vida con otra persona, y nada tiene que ver ese magnético vestido de novia, al cual le damos un poder que no tiene. Es evidente que existe una mitificación cultural e histórica que seguimos arrastrando; una boda, y desde luego un vestido, no es el objetivo que conseguirá una culminación exitosa, pero una novia me contestaría: “ pero seguro que ayuda”.
Esta compra tiene algunos trucos prácticos, es importante que los comentarios de quien te acompañe se centren sobre la prenda, no sobre el gusto personal de cada uno, que genera caos y confusión, no se casan ellos; importante que te sientas cómoda en la prenda, aparte que te guste, es importante este detalle, porque te dará mucha confianza, el vestido es un accesorio, lo importante es el acto en sí, lo que tiene verdadera relevancia.
Como detalles a tener en cuenta, los vestidos en forma de A disimulan las caderas, los vestidos de novia ajustados, que realzan las curvas, son especialmente efectivos visualmente, mucho más que las formas rectas y lisas, que suelen ser más planos visualmente, si bien es cierto, que algunos de ellos tienen mucho estilo, un escote, sin ser muy pronunciado realza el pecho, al igual que las espaldas escotadas con moderación suelen ser muy elegantes. En estos vestidos juega también la morfología como en el resto de la confección, acoplar la prenda a cada físico concreto será una buena elección.
Hay un margen muy amplio para cumplir las ilusiones de tu vestido soñado, pero acepta un consejo, para acoplarlo a tu físico escucha a los profesionales, son importantísimos por su gran experiencia, y su capacidad para ayudarte en la elección, o en posibles correcciones.
Qué decir del acompañante masculino, “El Príncipe Azul” también participa en este cuento, pero con una gran diferencia, su vestimenta, independientemente de la elegida, no se acercará ni por asomo a la brillantez de la novia, será un actor necesario, imprescindible, pero secundario, es un hecho.
En la prueba de un vestido de novia puedes ver a una persona exultante en su máxima expresión, visualizando en el espejo una ilusión de futuro, con una gran dosis de ganas de vivir, que se concentra en cada detalle, y en cada costura de una prenda que se convierte en un trampolín para una nueva aventura bastante trascendental, por eso es tan complicado elegirlo, y tan maravilloso encontrarlo, las mujeres, y algunos hombres, tienen esa sensibilidad especial, solo quien lo ha vivido, puede entenderlo.










