Enrique Arias Vega. ¿Se pueden pedir reclamaciones?
Tras el accidente de ferroviario de Adamuz todo ha sido prudencia. Si algo ha destacado ha sido el general planteamiento de partidos y medios de información de que lo importante en estos momentos es el duelo y que ya se verá más tarde quién a quién hay que reclamar por el suceso.
Como se ve, esto choca frontalmente con la actitud ante otras catástrofes, desde el Prestige hasta la Dana, pasando por el Yak 42 o el 11 M, en que se exigieron responsabilidades desde el minuto uno, con las consecuencias que todo el mundo sabe.
Lo de ahora es consecuencia de que el Gobierno es del PSOE y ya se sabe que la derecha es más pusilánime a la hora de plantear demandas, como si la izquierda tuviese siempre a su favor el beneficio de la duda y no se tuviese frente a ella la contundencia de ésta para exigir responsabilidades.
No deja de ser curioso que esto se produzca cuando las anomalías ferroviarias son una constante, con impuntualidades, cancelaciones de trenes o averías que dejan a los pasajeros al pie, al lado de la vía.
Contrasta, además, con las declaraciones de Óscar Puente, el infatuado ministro del ramo, de que “el tren vive el mejor momento de la historia”. Contradicho, un día sí y otro también, por los profesionales del ramo, que no hacen sino mostrar las deficiencias de nuestra red.
Por eso, bien está lo del duelo y la solidaridad más profunda con las víctimas, pero ella no está en contradicción con reclamar transparencia y ejemplaridad en las acciones de los responsables del accidente, si los hubiere. Basta ya, pues, de buenismo en una sola dirección frente a las tragedias.















