Estamos asustados porque vemos cómo,el PSOE, Sumar y el resto de ralea independentista quieren abocarnos a un desastre. El desastre viene porque tendremos que pagar 15.000 millones de deuda ajena, porque el poder judicial y político va a ser lo mismo, porque se van a ir de rositas los corruptos, los traidores, los golpistas. Y no hay forma de que den un paso atrás. Les da igual. Y con todo el cuajo te dicen que es “lo que han decidido las urnas”. ¿Las urnas? ¡Pero si perdieron las elecciones! Es la posverdad, es un cuento, una fábula de ésas a las que ya nos tienen acostumbrados. La realidad es bien distinta.
Pedro Sánchez es investido presidente (sin ser elegido) mediante una moción de censura.
Más tarde hay elecciones (tampoco gana) pero pactando con lo peor en política de nuestro país y con tres o cuatro sinvergüenzas acaba formando gobierno, un gobierno al que le debemos pifias, estupideces, los impuestos más desproporcionados de nuestra historia, y una serie de “decretazos” que es para no dar crédito. Además, llega la pandemia y con esta gente al volante, batimos récord de muertes, sufrimos el encierro (ilegal en su mayoría) más duro, las restricciones más estrafalarias, y la vulneración de derechos más flagrante de toda Europa. Y volvemos a unas elecciones.
En las previas, en las elecciones autonómicas, barre por goleada el partido Popular y eso que llaman “la ultraderecha” (Vox). Y Pedro se teme lo peor, ser desalojado de la Moncloa. Y da un golpe de efecto, convoca elecciones el 23 de julio (posiblemente el día más caluroso del año) en plenas vacaciones estivales, con lo que el voto por correo (nada fiable visto lo visto) aumentaría considerablemente.
Pero no es la única “anomalía”: recordemos que la línea del AVE ese día, ¡sorpresa!, se interrumpe, dejando a muchos madrileños que veraneaban en Valencia (y son muchos) sin poder votar.
Solo por esto se deberían haber suspendido las elecciones. Aun así, no le dan los números, ni rascando hasta el fondo. Y es entonces cuando recurre a los independentistas de ultraderecha catalana. Esa burguesía que lleva años babeando ansiosa por posar sus zarpas sobre la riqueza de toda Cataluña. La tragedia está servida.
Ahí tenemos a un tipo que JAMÁS ha sido elegido (en su propio partido tienen dudas sobre su elección como secretario general) gobernando. Si tenemos a un presidente Jamás elegido gobernando, ¿tendríamos que plantearnos muy en serio el sistema electoral?
Pero España no se resigna. Sí, puede que el miércoles y el jueves nos obsequien con otro sainete de ésos a los que tan acostumbrados nos tienen. Sí, puede que forme gobierno, pero que se olvide de la tranquilidad. Ya no vamos a tragar con más indignidades ni felonías. España está muy harta. Saldremos a la calle tanto como haga falta. Aunque la policía nos gasee, nos apalee y nos detenga.
Este fin de semana ha quedado claro que había millones de personas en la calle, muchos, como para ser solo unos cuantos “cayetanos”.
La huelga general (que se la trae al pairo al PSOE y a Pedro) está servida. No servirá de mucho porque lamentablemente hay una gran parte de gente que trabaja para el Estado, y de esas personas muchas tienen miedo a perder su trabajo y a ser señalados. Además de las protestas en la calle, que no deberían disminuir, tendríamos que pensar en alguna forma más de presión.
Siempre he pensado que dejar de hacer cosas en masa es una forma de presión muy efectiva. Imaginemos que el 70 % de los autónomos se dan de baja el mismo día (aunque sigan trabajando y se den de alta cuatro días después) imaginemos que toda persona multada por tráfico, a nivel nacional, se niega a pagar… Ir a por “su” recaudación, les hace mucha “pupita”… La cosa va a ser echarle imaginación. La recaudación es muy importante para ellos. No es por las pensiones, ni la sanidad ni la educación, que se la rula mucho. Es por los más de 500 millones para igualdad, para sus chiringuitos y su propia financiación, porque ardería el país si algo como las pensiones se tocara. Pero ¿y si les tocamos su comodidad? Imaginemos.












