De origen milenario en China, Egipto y la India, para aventar el fuego, o aliviar el calor, incluso como artículo ceremonial; hay un hecho muy curioso que posteriormente liga ya con Valencia, el abanico que se pliega o cierra, se origina en China o Japón, inspirado en las alas del murciélago, animal que también tiene una gran simbología en nuestra historia y en diversos emblemas de nuestra ciudad.
Egipto, una vez más, marca la pauta con abanicos fijos de plumas y hojas de palma, se encontraron dos de estos abanicos de plumas en la tumba de Tutankamón; también hay referencias de abanicos aztecas, y mayas, provenientes del descubrimiento de América, aunque hay certeza que es Catalina de Médicis, por mediación de los comerciantes venecianos que importaban de Oriente, quien impone la moda del abanico en la corte francesa de Enrique II, su marido.
España se centra en mejorar la fabricación, especialmente en Valencia, siendo el lugar de su mayor producción la localidad de Aldaya.
materiales como nácar, carey, madera, papel, plumas, telas y encajes, donde los artesanos convierten este artículo en verdaderas obras de arte, algunos de ellos en piezas únicas. En 1.429 se lee en un inventario de una herencia en Valencia: ”dos ventalls de palma guarnics de aluda”, realizado con adornos, y hoja de palma, refiriéndose al “ventall” en valenciano, abanico o palmito. La historia es interminable, imposible de sintetizar, pero su presencia, e importancia en el vestir de distintas épocas, está más que contrastada y documentada.
El abanico acompaña, especialmente a la mujer, en escritos, pinturas, obras de arte y como complemento indispensable en diversas épocas y lugares.
Durante siglos ha sido un complemento que destila elegancia, es indiscutible, especialmente los fabricados en materiales nobles con gran valor artístico y económico. Será en el siglo XIX , al abaratar sus materiales, cuando alcanza su mayor popularidad al llegar al gran público, permitiendo su acceso a todas las capas sociales. Es en ese momento cuando se concentra en cuatro versiones, el estilo “ Imperio” con rasgos del siglo XVIII, el “Romántico”, abanicos más grandes, con influencias góticas, un tercer estilo marcado por la industrialización, con la popularización de su uso desde mediados del siglo XIX, y por último, un estilo exótico, destacando los abanicos orientales con importación masiva desde China y Japón.
La forma de llevarlo, cómo manejarlo, se convierte en todo un arte, que no todo el mundo resuelve con soltura, gracia y elegancia. Me encanta la expresión “abaniqueo:”, que aparte de lo obvio, también se refiere al movimiento del capote o la muleta de un lado a otro, generalmente para cambiar la trayectoria del toro, otra expresión artística.
No se puede hablar de abanicos, sin hablar del lenguaje desarrollado en el tiempo con su uso, no exento de creatividad e ingenio.
Taparse la boca con el abanico: no puedo hablar contigo aquí.
Llevar el abanico a la boca y soplar: tienes que callarte.
Abanico cerrado apoyado en la mejilla: te amo.
Golpear suavemente la palma con el abanico: te necesito
Abanicarse lentamente: estoy pensando en ti.
Abanicarse rápidamente: estoy emocionada.
Me parece muy curioso y divertido este idioma desarrollado con una pequeña pieza de mano, que además de complemento de vestir, sofisticado, se convierte en herramienta de comunicación no verbal; posteriormente, se amplía esta comunicación con la industrialización, que optimiza su uso, grabando publicidad como herramienta de marketing.
Es a partir del siglo XIX cuando se consolida la industria del abanico en la localidad de Aldaya, donde se fabrica el 80% de la producción nacional.
El empuje de las empresas asiáticas también ha afectado a este sector, pero no pueden competir con la calidad artesanal de los fabricantes locales. Existe un Museo del Abanico de Aldaia, donde se desarrolla todo el proceso de fabricación, y la exposición de innumerables abanicos de calidad extraordinaria.
Hay que resaltar la importancia de los complementos en el vestir, una pieza tan pequeña, es capaz de embellecer y comunicar, potenciando la personalidad de cualquier prenda de vestir. Aunque puede sonar a artículo en desuso, o desfasado, no es tal, porque sigue vigente como pieza cotidiana de muchas mujeres, y asociado a infinidad de trajes regionales. Se puede decir sin equivocarse, que el abanico sigue vigente, y contiene todos los elementos de un complemento sofisticado, práctico y exquisito.












