Este fin de semana, en un supermercado abarrotado de gente, y esperando en la cola de la carnicería, he recibido la temida pregunta que todo padre no quiere tener que enfrentar…
– “Papá… ¿qué es la inflación? –
No se piensen ustedes que es una niña pequeña; ya está casi en su mayoría de edad y por ello es un poco más complicado explicar este fenómeno que tanto nos afecta a todos.
Cuando le he explicado que la inflación es la pérdida de valor del salario que cobran todos los trabajadores, me ha mirado con cara de póker.
Rápidamente he intentado hacer una metáfora para que lo entendiera más fácilmente:
– “Es como el bocata que te hace papá para almorzar. El papá siempre te lo hace del mismo tamaño, pero cada día tienes más amigos que te piden un bocado”; “no es mucho lo que te quitan…, pero cuando son muchos los amigos que te piden…, ¡te quedas sin almuerzo!, ¿No?
– “Pues eso es la inflación, hija. Cada año el precio de las cosas sube, pero los salarios son los mismos”.
Como ya hemos avisado en artículos anteriores y atendiendo a datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística, el IPC ha subido un 3% en el último año:
Un 22,5% en los últimos 5 años:
y un 27,4% en los últimos 10 años:
No nos cansaremos de repetirlo; lo que costaba 100 euros hace 7 años, ahora cuesta 127,5 euros. Dicho así no parece mucho, pero pensemos que cada mes una familia tiene que hacer una compra por semana. Y aquí es donde viene el problema, porque 30€ x 4 compras son 120€ más cara la compra al mes. Si le sumamos las subidas de la gasolina, el gas, el agua, las tasas de basura, el permiso de circulación, la subida de la luz, etc., la pérdida económica es brutal.
Recordemos que es una adolescente y pregunta con la intención de aprender el funcionamiento del mundo adulto. Ella observa el supermercado abarrotado de gente y escucha mi conversación con la carnicera.
– “¡Madre mía!, se han vuelto locos, ya no me queda…” (me dice la carnicera).
Al salir mi hija me pregunta:
– “Si todo vale más dinero, ¿Por qué cada vez hay más gente comprando? No entiendo. ¿Cómo puede haber tanta gente, y comprando tanto como para agotar existencias?”.
La respuesta lógica es que la gente ha cobrado y está haciendo la compra para las cenas navideñas. Con esa segunda respuesta se dio por satisfecha y yo tampoco quise trasladarle más preocupaciones de adulto.
Si embargo, como adultos escuchamos a los gestores profesionales aconsejarnos tomar precauciones para poder sobrevivir a una situación de alta presión económica. Todos coinciden en que tenemos que saber cuánto dinero nos gastamos en impuestos y gastos fijos: hipoteca/alquiler, luz, agua, gas, colegios, ropa, etc. Luego nos aconsejan que las primeras deudas que debemos solucionar son las deudas de elevado interés como: tarjetas de crédito, préstamos personales o préstamos de interés variable.
Aquí es donde muchos tenemos el gran problema. El interés variable de nuestras hipotecas no se soluciona ni puede cambiar de forma fácil y los bancos lo saben (lo de invertir para generar ingresos más altos que la inflación, lo dejamos para los millonarios). El resto nos conformamos con seguir adelante y que no nos quiten, por impagos, lo que ya poseemos.
Mientras tanto, escuchamos algunos casos de corrupción que sonrojarían al más desvergonzado. ¡Bueno, no! Si te llamas Ábalos, Koldo, y demás adláteres de los casos PSOE, no.
Por poner otro ejemplo: el caso de los 25 millones del CNIO que pone en el centro de atención a la ministra y futura n.º 1 del PSPV Diana Morant (posiblemente, ¡claro!, y por supuesto, presuntos -no queremos “marcarnos un Pedro Sánchez” y decir que son inocentes o culpables antes de tiempo, sin tener ni idea de derecho o de cómo funciona la justicia en España).
Mientras tanto…
Cuentan millones de euros como si fueran céntimos de euro. Con esas cantidades desaparecidas se podrían haber realizado las obras necesarias para evitar las muertes de la riada, para ayudar a la reconstrucción, a la reapertura de los negocios de los autónomos, a las familias que lo han perdido todo…
Y mientras tanto…
Otros medios de comunicación “al salseo”, como nos apuntaba nuestra compañera Luisa C. Perosán, en este articulo: nuestra “calidad democrática” deja mucho que desear
¿Se ha dado cuenta el lector que los partidos políticos ya no hacen propuestas económicas para ayudar a la clase media? ¿Se han dado cuenta de que “pasan de puntillas” cuando se trata de rebajar la presión fiscal, las bajadas de precios o la subida de los salarios de los trabajadores?
Pero ¡ojo! Los dos grandes partidos de derecha e izquierda.
Regresando a la generación de mi hija, pensando en los adolescentes y futuros adultos españoles, aún queda algo de esperanza. Según las encuestas, ellos no tienen ataduras sentimentales a los viejos dogmas, con el bipartidismo asentado en nuestra sociedad. Ellos son rebeldes, ellos lo preguntan todo, lo cuestionan todo. Están hambrientos de éxitos y vacíos de miedos.
La rebeldía de los jóvenes está logrando que nuevos partidos tomen fuerza para cambiar esta inercia inflacionista que los viejos partidos no quieren evitar. ¡Juventud, divino tesoro!
Y mientras tanto…
Nosotros seguiremos esforzándonos para ofrecerles la mejor Navidad posible a nuestros adolescentes, para que sigan formándose, y puedan mirar, con vista clara, hacia el futuro.
¡Gracias por su atención y tiempo!, ¡Hasta la próxima!











