Llega un periodo importante en nuestra ciudad: las Fallas. Y no se puede hablar de fallas sin un ingrediente necesario: la indumentaria valenciana, parte importantísima del colorido y del brillo de nuestra fiesta. No es la primera vez que me refiero a la indumentaria valenciana como “la otra moda”, y al igual que la moda convencional, la indumentaria tiene sus cambios, se ha modificado, y sigue modificándose con el paso del tiempo.
La evolución de los monumentos falleros y de la fiesta, camina en paralelo con la recuperación de la tradición en el vestir de la indumentaria valenciana.
Nada mejor que recurrir a los expertos para conocer esta evolución, y para esto tenemos a los mejores profesionales del mercado. En este caso he recurrido a unos viejos amigos: Álvaro Moliner y su hijo Alejandro.
Álvaro Moliner Villarroya fue el fundador en 1939 de la tienda en la calle de la Sangre. Especializados en cortinajes, mantas, ropa del hogar y tejidos en general, aunque ya disponían de una sección de indumentaria valenciana. En 1946 abre la tienda del pasaje Ripalda, buque insignia de la empresa. Comercializadora importante, con delegaciones por toda España y cinco tiendas en Valencia, es en los años 80 cuando se especializan en indumentaria valenciana.
En 2015, tras un acuerdo con El Corte Inglés se abren corners en los centros de Avenida de Francia y Colón; dos años después son pioneros en el sector con su tienda online, y en 2019 fundan su marca propia, “Per a lluir”, en la calle Moratín, con prendas confeccionadas listas para llevar.
Alejandro me comenta cómo después de dos años sin celebrarse las Fallas por la pandemia, se notó un repunte en la venta, había muchas ganas de disfrutar de la fiesta, que generó un gran impulso en la actividad comercial. Se notó especialmente un incremento en las personas que se confeccionaban su primer traje y en los niños; este dato está avalado por los 120.000 componentes de las 397 comisiones falleras en este año 2025, y que sin duda, es un dato histórico.
Después de estas fiestas conoceremos el impacto económico de 2024, pero en 2023 se cerraba con 732,6 millones de euros y 6.440 puestos de trabajo, datos importantes para una fiesta de ámbito local.
Hablando sobre el recorrido de la indumentaria, nos comenta Alejandro que sigue evolucionando. Se intenta ser más fiel a los modelos de nuestros antepasados, y gracias a historiadores e investigadores se están consiguiendo recuperar prendas que se llevaron hace dos siglos. Siempre hay pequeños toques de modernidad, pero manteniendo la esencia de la tradición; cambian los complementos, joyas tradicionales, las peinetas más grandes, más pequeñas, trajes más largos o cortos, cambios sutiles, pero siempre en evolución. La parte textil también modifica los colores de forma anual y se complementa con los peinados y el maquillaje, parte muy importante en el resultado último.
Hay un factor que impacta en la tendencia del público femenino, y es la elección cada año del color y tejido de su traje que realiza la Fallera Mayor de Valencia, y no olvidemos que las mujeres son el 56 % del censo fallero.
El traje de valenciana estuvo condicionado en muchos momentos más por modas momentáneas que por un seguimiento purista del traje regional, no olvidemos que su origen es de “labradora valenciana”, traje que se fue enriqueciendo con el paso de los años; tampoco olvidemos el traje negro de hombre denominado “traje de labrador de gala” que Junta Central Fallera hizo obligatorio en 1964, alejado absolutamente de los trajes regionales valencianos.
La indumentaria del hombre ha sido tradicionalmente la gran olvidada; Alejandro nos indica cómo está situándose a la altura de la mujer, con la búsqueda de una indumentaria más acorde a los cánones históricos y cuidando mucho más los detalles.
Creo que en este momento nos encontramos en un punto de inflexión en la recuperación del traje regional, siendo más exigentes y con un mayor interés en recobrar nuestras raíces.
Como en cualquier profesión, realizar un buen trabajo requiere de esfuerzo, dedicación y, en este caso, no generar inventos y respetar la tradición. La forma de vestir, nuestra indumentaria, habla de nuestro pueblo y de nuestros orígenes; en la ofrenda de flores a la Virgen solo hace falta mirar a los ojos de las falleras y falleros para percibir el orgullo de lucir esos magníficos trajes, recuerdo de nuestro pasado.
El intrusismo es un mal que invade todas las profesiones, gente que sube rápido, pero que baja con la misma rapidez. La suerte es que seguiremos disfrutando de profesionales como Álvaro Moliner, que cuidan la tradición, como llevan haciendo 85 años.











