En alguno de los artículos dedicados a la imagen, he tratado de explicar la fuerza y capacidad de influir en personas o acontecimientos utilizando el vestir, si le sumamos además, recursos emocionales, es una herramienta potentísima, en algunos casos, hasta de manipulación social. He rescatado una historia que me parece fascinante, como se puede “engañar”, y es literal, a un montón de personas, con un relato perfectamente montado, y utilizando una imagen personal cuidada, hasta el más mínimo detalle.
Si algo tiene dedicarse al mundo de la moda, es el trato con personas, cientos, miles de personas, cuando tienes una carrera dilatada en el tiempo. Dicho sea de paso, un buen profesional, sabe que la discreción, es un factor fundamental para conservar clientes, y forjar relaciones duraderas; encontrar personas de todo tipo, es el pan nuestro de cada día, en ocasiones intentan confundirte, y en otras ocasiones puedes confundirte, generando juicios de valor por lo que ves, o crees que estás viendo.
Se publicó hace muchos años, pero lo viví en primera persona, un cliente apareció en tienda, y quería que realizáramos a medida un abrigo de mouton, se denomina así a una piel de cordero curtida, y que tiene un aspecto esponjoso, de pelo compacto, muy agradable al tacto. El encargo no era nada común, sobre todo para un hombre de gran altura y complexión física grande, no sólo encargó este abrigo, también solicitó, un abrigo de zorro argenté (zorro plateado), que nunca recogió. Una magnífica vendedora se encargó de esta operación, Fina Millán; esta profesional vendía piel en invierno y bañadores en verano, pero era capaz de vender un visón, después de venderte un bañador, y lo hizo en muchas ocasiones , una profesional única, fuera de serie.
Aquí comenzaba la aventura, teníamos que tomar medidas, probarle en varias ocasiones, y solicitar una “toile”, traducido del francés “lienzo”, que se confecciona como prenda de muestra para corregir imperfecciones, y posteriormente coser la prenda definitiva. Estas visitas, generaron una cierta confianza, donde el personaje dosificaba la información, e iba construyendo el relato.
Pedro Mauricio de Orleans y Braganza Castro Jiannini, era su falsa presentación, príncipe del Imperio del Brasil, bien hilado, información manipulada de la historia de Pedro Gastón de Orleans – Braganza, jefe de la llamada Rama Petrópolis, que pretendía recuperar la sucesión dinástica, a la que renunció su padre en 1.908, la historia estaba bien sustentada y cuidada. Consiguió encandilar, por su supuesta devoción cristiana, a algunas señoras de la sociedad valenciana con esa fabulosa presentación, estafando a una de ellas 78.000€, siempre acompañado de un cuidado vestuario, magníficas joyas en las manos, que cerraban la escenografía. Con estas relaciones se introdujo en las mejores joyerías de Valencia, y con el aval de estas personas, adquiría joyas de alto valor, que luego vendía, pagando cierta cantidad, y adquiriendo más artículos, creciendo así el timo, permitiéndole llevar un alto ritmo de vida, que era consonante a su “fantástica” historia.
Organizó una exposición de fotos suyas en el hotel Excelsior, donde se hospedó inicialmente, al que también estafó; todo era parte del teatro, detalles cuidados, azafatas, canapés, vino, una exquisita atención, y la farsa alcanzó niveles estratosféricos, con la salida, en un mercedes oscuro, por supuesto, con chofer esperando en la puerta del hotel.
Así se puede manejar la imagen, en este caso, con fines delictivos, con un estudiado control del vestir, que utilizar en cada ocasión, dicho sea de paso, para un hombre de tanta altura y gran envergadura, con mucho gusto y elegancia. Una utilización de la visibilidad, que comunique confianza, valores, a través de la apariencia y conducta, generando una sensación de autenticidad.
Todo esto se acompañaba con sesiones de peluquería, manicura y reservando un baúl de ropa de firmas, que nunca pudo llevarse; Mauricio desapareció, de pronto, no volvimos a saber de él en un tiempo, y la siguiente noticia que tuvimos fue la visita de la policía preguntándonos por si lo habíamos visto últimamente, y si éramos conocedores de su paradero. Había estallado la estafa, era buscado y dejaba una gran cantidad de dinero sustraído; al tiempo, supimos que fue detenido y encarcelado. Esta historia, no tiene final feliz, Mauricio apareció colgado en su celda un 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes, parece una broma, pero no lo es.
Cuando recuerdo a Mauricio, no puedo enfadarme, incluso me saca una sonrisa, era un profesional cuidando el detalle, siempre me impresionó esa imagen perfecta, un villano, pero alguien que dominaba la escena, el vestir, exagerado, pero fiel a su historia, al más mínimo detalle, un artista, malvado, manipulador, pero un artista.












