Barbaries arquitectónicas opinión semanal en Valencia News de Ferran Gil.
El patrimonio artístico urbanístico es uno de los valores fundamentales donde se asienta la historia y riqueza de un pueblo. Consideración que al parecer no tienen, ni han tenido en cuenta las autoridades sean locales o autonómicas en Valencia.
Casos como el Palacio de Ripalda (único en su género y estilo por estos lares), los derribos parciales del antiguo Hospital General y de la Tabacalera, el horroroso edificio de la Plaza del Ayuntamiento (entre Barcas y Ateneo) y más recientemente La Casa del Relojero, avalan y dejan a las claras el abandono y desidia de nuestra Administración pública, acompañado de una nefasta y negligente gestión, que lejos de mejorar con los años, se ha vuelto implacablemente más dura lesionando los intereses patrimoniales arquitectónicos del Cap i Casal.
Y ahora de cerca, apenas dos meses, asistimos a la vergonzosa y lamentable actuación que acabó con el derribo de la Escuela de Agrónomos en Blasco Ibáñez. Una joya del llamado movimiento moderno levantada en 1958 por el prestigioso arquitecto Moreno Barbera, que se demolió como quien dice con nocturnidad y alevosía. Sin tener en cuenta su importancia patrimonial, ni mucho menos las opiniones de voces autorizadas como la del Colegio de Arquitectos o el Círculo para la Defensa del Patrimonio. Ayuntamiento y Generalitat procedieron como si se tratase de un edificio en ruinas. Además con una insólita urgencia ni en los casos de más inminente peligro.
Eso sí, después se acusaron mutuamente de culpabilidad. Mientras tanto la Universidad que se supone debe de velar con rigurosos estudios en cuántas consecuencias negativas puedan afectar a los intereses de la sociedad, se puso de perfil, siendo incapaz de emitir un solo informe al respecto. La callada por respuesta no sea cosa no sea cosa se alborote el gallinero político cultural y sean señalados. De modo que como viene siendo habitual se convirtieron en cómplices.
A su vez, el Consell Valencià de Cultura, hizo público un dictamen (no por mayoría absoluta) a favor del derrocamiento, como no podía ser de otra forma, sometido a la usual sumisión hacia sus superiores. Cuando interesa se atienden las palabras de los expertos, pero cuando no conviene, se silencian. Deplorable pero real actitud.
Aún más reciente es un caso que data de hace nada menos que 58 años. Que viene a demostrar que de siempre las autoridades responsables de defender los intereses del pueblo han antepuesto ideologías, inclinaciones de partido o de su propia voluntad, al beneficio de la colectividad social, como debería de ser prioritario.
El asunto de referencia tiene que ver con la famosa «Tortada» (1933 – 1963) construida en la actual Plaza del Ayuntamiento, por el eminente arquitecto Francisco Javier Goerlich, que tantas huellas de su buen hacer dejo por la ciudad. Donde se albergaban en un semisótano las 40 paradas de flores en un entorno paisajístico muy peculiar y curioso que estaba conformado por una fuente central custodiada por 18 columnas o pilares y varios bancos de piedra. Así como una balaustrada con cinco remates que en su conjunto representaban un insólito por esta tierra, patio inglés.
Pues bien, tras su demolición, sin ningún miramiento, las piezas fueron depositadas en vertederos y basureros, donde a trozos se mezclaron con la maleza y bruticia, tal como se ha descubierto tantos años después. Por supuesto sin estar etiquetados con ninguna clase de protección. Cierto que algunos elementos se recuperaron en su tiempo y aparecen por distintos lugares de la ciudad. La fuente en la Av. Constitución junto al cauce del río, algunos pilares en el Monument als Maulets en Regne de Valéncia, y otra columna en Av. Cid, delimitando el término municipal con Mislata.
También algunos de los artísticos bancos de piedra adornan una céntrica plaza de Paiporta y cinco remates de la balaustrada también decoran el cementerio de dicha población.
Un reparto, como mínimo confuso y misterioso. El resto, abandonado en una escombrera soportando las propias condiciones de tan lúgubre espacio.
Tanto la Fundación Goerlich, como la Asociación Círculo para la Defensa del Patrimonio están empeñados en seguir investigando y localizando piezas. Con el fin de reagruparlas para exponerlas en un digno paraje, donde puedan lucir como se merecen estos valores patrimoniales. Loable iniciativa que ojalá llegue a buen puerto.
Duele y mucho esta falta de sensibilidad histórica para nuestros legados arquitectónicos. Así como la falta de respeto hacia notables y conocidos arquitectos como los mencionados.
Eso sí, seremos capital mundial del diseño. Que eso viste mucho. Y el postureo, que no falte.
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