Enrique Arias Vega “La bandera que no se quiso exhibir”

No me imagino al presidente de Ucrania, por ejemplo, retirando una bandera española antes de una comparecencia tras su encuentro con el representante de nuestro país. Pues eso es lo que ha hecho el presidente de Cataluña ante los ojos de todo el mundo.

No estamos hablando de una descortesía, sino de un agravio sin precedentes, más allá de su ataque a los usos diplomáticos más elementales. ¿A que nadie se imagina tampoco al presidente de cualquier país o Comunidad Autónoma retirando la senyera para que no apareciese en las imágenes de su comparecencia? La Generalitat, antes que nadie, habría puesto el grito en el cielo por lo que consideraría una brutal humillación.

Dándole vueltas al caso, también cabe otra pregunta retórica cuya respuesta tampoco admite paliativos. ¿Se habrían atrevido los representantes de la Generalitat a retirar la bandera de Ucrania, siguiendo el ejemplo antedicho, tras hablar el presidente de aquel país y antes de hacerlo el  catalán?

Por supuesto que no. Lo que no habrían  hecho con la enseña nacional de ningún país lo han hecho con la española, en un signo de desprecio que les ha salido gratis, pues nadie ha protestado formalmente por la ofensa ni, mucho menos, roto las presuntas negociaciones entre las dos partes, ahora sí, enfrentadas por los usos de la buena educación y del protocolo.

Como una imagen vale más que mil palabras, la escena de la retirada de la bandera española muestra a las claras la intención y las pretensiones del interlocutor autonómico: borrar a España del imaginario colectivo de aquella región, hacer como si el estandarte nacional jamás hubiese existido y alejarlo de toda la simbología estrictamente independentista de la conversaciones con el Gobierno central.

A Contracorriente
Enrique Arias Vega