Enrique Arias Vega “La banalización de la violencia”

Al parecer, no hay botellón que se precie que no acabe con agresiones a la policía que acude a disolverlo.

Sociólogos, psicólogos y opinadores varios buscan razones para esa violencia gratuita y repetida. Pueden y suelen encontrarla en razones de psicología social y exculpaciones por el nulo horizonte vital de nuestros jóvenes. Todo eso está muy bien, pero no existen ahora más argumentos que antes para explicar este comportamiento incívico, salvo el de la pura y festiva diversión.

¡Ah! Y que tal actitud sale prácticamente gratis a sus autores, quienes gozan de una impunidad clamorosa incluso en los casos improbables de detención policial. La agresión a la autoridad, sobre todo a las fuerzas de seguridad, se ha convertido, pues, en parte entretenida y jocosa de las acciones ilegales cometidas en las madrugadas alcohólicas.

¿Cómo hacer que se cumpla la ley ante esta insumisión generalizada? Uno comprende la tentación de las fuerzas del orden de dejar hacer y no exponer su integridad personal a cambio de nada. No es el caso, por suerte, pero no me negarán que de estos lances salen heridos más policías que juerguistas y que sólo se mira con lupa la actuación de la autoridad, que puede exponerse a sanción por un  quítame allá ese manifestante.

En ese contexto, insisto, las convocatorias de botellones llevan implícito el acoso y ataque a la policía encargada de disolverlos en aras de salud pública, la convivencia vecinal y demás razones de oportunidad moral. Por eso, la violencia ciudadana se ha convertido  en algo banal que, de seguir así, se extenderá a otros escenarios dada la indefensión y hasta descrédito de las fuerzas encargadas de mantener el orden público.

A Contracorriente
Enrique Arias Vega