Juan Carlos Martínez Jiménez: El Blanco
Deformación profesional, no tengo la más mínima duda, donde los demás ven un objeto, una persona, o un evento, veo conceptos estéticos, e inmediatamente se pone todo en marcha: observar, analizar, ordenar, visualizar, y por último, ejecutar.
Esto me ha ocurrido con la visita del Papa León XIV, al llegar la Reina Letizia a la recepción con un magnífico vestido blanco de la firma madrileña The 2nd Skin Co, ajustado al cuerpo, estrecho a la cintura, falda larga con vuelo, que me recordó los vestidos de Christian Dior en su época del New Look en los años 50, además confeccionado con tejido reciclado; rematando posteriormente con otro vestido blanco de la firma Self-Portrait, de características similares cambiando la textura de tejidos, pero ambos muy acertados y apropiados para la ocasión.
Gustos aparte, me quedaba con el detalle de poder vestir de blanco como privilegio protocolario que concede la Santa Sede a las reinas católicas durante las audiencias con el Papa, privilegio a reinos amigos de la Iglesia católica en la historia. Un elemento cromático se convierte en un mensaje visual, un privilegio, con capacidad para generar normas, obviando la palabra, usando un color.
El color blanco, se describe como la ausencia de color, pero no es cierto, es la suma de todos los colores que se descomponen y al unirse de nuevo forman luz blanca, como demostró Isaac Newton.
Todos los colores tienen significados, pero el blanco tiene características especiales, no se puede conseguir blanco mezclando otros colores; arrastra connotaciones psicológicas, tecnológicas, emocionales, y por supuesto inspiracionales como otros colores, pero ninguno con tanta profusión y riqueza de matices de todo tipo en su utilización. El blanco se asocia a la pureza, la limpieza, la frescura, y a aspectos visuales como la amplitud y la luminosidad.
A esta altura, espero que tu visión de este color se vaya modificando, y no solo lo veas como un color más, estamos comprobando que no lo es.
En moda es el color estrella de las prendas de verano, único para cualquier tipo de mezcla con otros colores, no hay un solo color que no pueda combinarse con blanco, la madre de los colores que no tiene color, y con una respuesta estética inigualable para resaltar una piel bronceada. Recordemos la moda Adlib, sello indiscutible de Ibiza, que consagró el blanco con tejidos vaporosos y naturales, como el lino y el algodón, convirtiéndose en la sexta esencia del vestir cómodo y sofisticado en verano. Siguen realizándose infinidad de eventos veraniegos donde la condición indispensable es acudir vestido de blanco.
Pero el blanco cumple con muchas otras expectativas, en China, Japón o la India, es el color del luto y la muerte, en contraposición a la cultura occidental, donde lo encontramos en los eventos de mayor arraigo de nuestra sociedad, comuniones, bodas, bautizos, muy ligados a la tradición europea.
En el deporte, el tenis fusionó su exclusividad al blanco como símbolo de lujo, para practicarlo inicialmente clases adineradas, los privilegiados que podían permitírselo, el blanco vuelve a ser el color diferenciador, como ser un trabajador de “cuello blanco”, donde no hay trabajo manual, ni esfuerzo físico, incluso “ladrón de guante blanco”, casi agradeciendo que algunos indeseables no utilicen la violencia en sus fechorías..
La casualidad ligaba esta visita del Papa, con otro evento muy arraigado en nuestra Comunidad, el Corpus Christi, donde la figura principal de la Danza de la Moma (interpretada curiosamente por un hombre), baila vestida totalmente de blanco, simbología de virtud, y es acechada por los “Momos”, siete para ser exactos, los siete pecados capitales, que la persiguen vestidos de negro y rojo, donde por supuesto, gana la virtud.
El enfoque del negro como algo malo o negativo, es la antítesis de todo lo que representa el blanco, las sociedades han creado estas simbologías que nos acompañan por tradiciones tribales y sociales
No es raro escuchar “me he quedado en blanco”, cuando no sabemos qué decir, o “te has quedado blanco”, cuando recibes una fuerte impresión, usar un “arma blanca”, parece menos peligroso, y en el vestir,” ir de punta en blanco”, símbolo de ir impecable y elegante. Tu mente está recordando muchos más momentos de su uso, los griegos y romanos con sus túnicas, los egipcios con el lino, la ropa interior en la época medieval porque era más fácil poder blanquearla, hasta en algunos de los hábitos religiosos, como los Cistercienses, “los monjes blancos”.
No se libra ni la política, “ el candidato”, del latín “ candidatus”, “ el que viste de blanco”, por la toga blanca que lucían en la antigua Roma los que aspiraban a algún alto cargo, como símbolo de ser personas íntegras y honestas; hoy en día sería muy útil desinfectar la política como ocurre al encalar las casas, cumpliendo la función al mismo tiempo de mitigar el calor, o usar “el voto en blanco” como desprecio a todas las opciones.
No hay ningún color que le supere en importancia, es singular, porque así lo hemos querido los humanos, lienzo neutral capaz de extender la luz y prestigiar cualquier elemento, sea físico, mental o virtual.












