Ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio. Lo hemos oído decir tantas veces que ya es una frase que forma parte de nuestra memoria colectiva. Y era una copla, ¿no?

Coplas aparte, que me ponen, las coplas digo, me viene a la cabeza aquello de las cosas que no deberíamos hacer, pero que no podemos evitar, aquello que no se debe comer, pero que no tenemos más remedio, incluso a quien no debemos votar, pero no podemos hacer otra cosa por lo del ni contigo ni sin ti. Ya me entienden.

Todo esto viene a cuento del plan que se ha trazado para la CV-500. Que no les digo yo que lo de tener autovías tan arrimadas a un parque natural esté bien, pero que ya está hecha y cumple su papel. Yo detesto las comparaciones, pero no acabo de entender por qué se amplía la antigua carretera de Barcelona, la V-21, arrasando lo que queda de la huerta, y se va a eliminar la Pista de El Saler. Bueno, entiendo perfectamente lo de la ampliación de la V-21 y el apoyo que ha recibido de las altas instancias gobernantes, pero no acabo yo de pillar el  porqué del plan para eliminar una carretera que da mucha vida a la zona sur de Valencia y a todos los pueblos de la ruta de la costa hasta Cullera.

Este plan es una iniciativa de la Generalitat. Hasta ahí, vale. Cuenta con el apoyo apasionado del Ayuntamiento de Valencia. Y yo, que suelo ser de los de al pan, pan y al vino, vino, me hago una pregunta. ¿Quién tiene un interés real en demoler esa carretera y transformarla en un bulevar con carril bici? No sé, a mí me suena mucho a una de las iniciativas verdes del cuestionado concejal Grezzi, qué quieren que les diga. Desde la Generalitat sabrán por qué se lanzan con bandera, banda y música a una ejecución que tiene en pie de guerra a los vecinos de los poblados del sur, a sus representantes y, de paso, a los ediles de ayuntamientos vecinos, como EL Perelló, por poner un ejemplo, además de asociaciones de comerciantes, hosteleros y usuarios varios de una autovía que alivia los problemas de tráfico de acceso a la capital cuando las cosas se ponen mal en la entrada de la Pista de Silla.

¿Qué no debería estar allí? Probablemente. Pero la CV-21 tampoco. Y repito que las comparaciones son odiosas, pero, las cosas, como son.

Yo, ante las protestas, manifestaciones, concentración y tractorada incluida, recomendaría a los gobernantes que abrieran los ojos. Siempre he pensado que en democracia no se puede gobernar en contra de los intereses de los gobernados. En esto, aquello de “la letra con sangre entra” no funciona, que una cosa es gobernar y otra bien distinta, mandar.

Hay que gobernar a favor de la gente, no en contra de lo que nos piden que hagamos. Por muchas razones de ecuanimidad y, en última instancia, por pragmatismo. Cabrear al personal, cuando no hace ninguna falta, no suele dar ningún rédito político. Antes, al contrario.

Ferran Garrido
Ferran Garrido

Ferran Garrido. Periodista, comunicador, poeta.