En Valencia no se habla de brunch. Aquí se habla de Almorzaret. Una costumbre que no entiende de modas pasajeras porque forma parte del ADN de la ciudad. Es mucho más que cualquier almuerzo, es identidad viva. Entre las nueve y las doce, bares y terrazas se convierten en templos donde se honra el origen agrícola de la huerta y se celebra, con pan y cerveza fría, la manera valenciana de detener el tiempo.
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Un rito con raíces en l’Horta
El origen del almorzaret se remonta a la vida agrícola. Tras las duras jornadas en el campo, los trabajadores hacían una pausa para recuperar fuerzas con pan, embutidos y un aperitivo conocido como gasto, compuesto por cacau del collaret, tramussos, olivas y encurtidos. Esta costumbre se transformó en un fenómeno gastronómico que se mantiene vivo en cada barrio y pueblo de Valencia.
Dónde almorzar en Valencia
La ciudad está repleta de templos del almorzaret. Estos son algunos de los más destacados:
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Central Bar (Mercado Central): la visión de Ricard Camarena, chef con dos estrellas Michelin.
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Bar Mistela (Riu Nervión, 11): clásicos reinterpretados con estilo.
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A tu Gusto (Marqués de Lozoya, 4): bocadillos variados con bebida, cacaos y café incluidos.
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Alenar Bodega Mediterránea (Martínez Cubells, 6): tradición con un toque innovador.
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Bar Maipi (Maestro José Serrano, 1): cuatro décadas de fidelidad a la esencia del almorzaret.
La liturgia del almorzaret
El almuerzo sigue una estructura casi sagrada. Todo comienza con la picaeta: frutos secos, olivas y ensaladas que se acompañan de cerveza fría o «vi amb llimoná». Después llega el plato central, un bocadillo de tamaño generoso que admite infinitas combinaciones:
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Blanco y negro (longaniza y morcilla con habas).
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Carne de caballo con ajos tiernos.
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Almussafes (sobrasada, queso fundido y cebolla caramelizada).
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Chivito (lomo, huevo frito, beicon, mahonesa, queso y lechuga).

El broche final es el cremaet, café quemado con ron, canela, limón y granos de café, emblema del almorzaret más auténtico.
Otros locales recomendados
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Bar Marvi (Santos Just i Pastor, 14): croquetas, pulpo, steak tartar y bocadillos irresistibles.
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La Bernarda (Cobertis de Sant Tomás, 7): libertad para diseñar tu propio bocata.
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La Pascuala (Dr. Lluch, 299): bocadillos gigantes junto a la Malvarrosa.
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Casa Guillermo (Progrés, 15): anchoas y salazones de referencia en la ciudad.
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Bar Rojas Clemente (Plaza Rojas Clemente): torrijas para un final dulce.
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La Pérgola (Paseo Alameda, 1): un quiosco clásico con terraza amplia.
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El Trocito del Medio (Blanes, 1): propuestas diarias entre tradición e innovación.
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Casa Cent Duros (Camí de la Cossa, 10, Borbotó): bocatas de carne de caballo en plena huerta.
Consejos para disfrutarlo como un valenciano
El diminutivo “almorzaret” no debe engañar: los bocadillos pueden alcanzar dimensiones descomunales. Pedir medio es una opción válida, aunque genere alguna sonrisa cómplice. Para encontrar los mejores locales, los premios Cacau d’Or son una guía de referencia. Otra pista infalible es seguir a ciclistas y motoristas: su parada en un bar es sinónimo de calidad asegurada.
Identidad y cultura gastronómica
El almorzaret es mucho más que comer. Es la expresión de una ciudad que defiende su identidad frente a la globalización gastronómica. Un símbolo de la vida social valenciana que convierte cada almuerzo en una celebración colectiva.












