Permítame querido lector parafrasear a James Carville cambiando su famosa frase por este concepto -prioridad nacional- que tanto molesta a algunos.
La frase «la economía lo es todo» fue popularizada por James Carville, por entonces asesor de Bill Clinton durante las elecciones de 1992. Carville colgó un cartel en el interior de las oficinas de Clinton que terminó convertido en un símbolo de la importancia de la economía en la política y la sociedad. Posteriormente esta frase degeneró a “es la economía, estúpido.” Y se utilizó para un sinfín de mensajes políticos. Y nosotros no íbamos a ser menos. (Aun no estando de acuerdo con las políticas globalistas, ecologetas y progresistas de Bill Clinton y de su señora proabortista con conexiones con Planned parenthood.)
Es paradójico que los promotores de estas políticas “suicidas” nos hayan dado un eslogan o lema político tan flexible.
La importancia del lema “prioridad nacional” está más que clara y debatida. No vamos a entrar en eso. Lo que vamos a exponer son situaciones diarias en las que este lema nos viene a la cabeza una y otra vez.
Años atrás, antes de que surgiera este lema, me vi en la situación siguiente: Estuve cinco años seguidos intentando conseguir que mis tres hijos pudieran comer en el comedor del colegio concertado al que iban. Nunca lo legré. Reconozco que los dos primeros años realizaba la solicitud a la Generalidad y no me la concedían. A partir del tercer año acudía al colegio a ver las listas de los aceptados, ya se pueden ustedes imaginar, García o Pérez, pocos. ¿El argumento del rechazo?, es usted autónomo.
Ahora, a toro pasado me vuelve ese recuerdo. ¿Por qué será?
¿Los autónomos no pagamos impuestos?, ¿nuestros antepasados no contribuyeron con su esfuerzo y trabajo?, ¿La inversión, esfuerzo, educación y tiempo que empleamos en nuestros hijos no beneficiará a la sociedad española?
-
Cambiemos de tercio, esta vez imaginemos otra situación que posiblemente usted también haya vivido:
Usted se mata a trabajar, usted es un profesional comprometido con su empresa, responsable y que, debido a la presión fiscal, sometidos por este gobierno depredador, necesita seguir trabajando como un león. Usted intenta coger las menos bajas por enfermedad posibles. (Demasiados parados y pocos trabajos, así está el mercado laboral.)
-
Cuando llega al ambulatorio, después de años sin pisarlo, mira a su alrededor y se da cuenta de que parece un cartel publicitario de “United colors of Benetton”.
Y que quede claro, no tenemos nada en contra de la inmigración legal. Ellos cotizan igual que nosotros y son perjudicados tanto como nosotros. Es más, varios de mis antecesores, – y yo incluido-, hemos sido inmigrantes en varios países de Europa y América. (Les aseguro que el trato no es recíproco en centro-Europa.)
En ese preciso instante nos asalta una duda: ¿Dónde están todos nuestros mayores que antaño abarrotaban nuestros ambulatorios para tratar sus dolencias?, incluso lo utilizaban como lugar de socialización. No están.
-
El que puede permitírselo se paga un seguro privado para poder ser atendido.
Después de haber trabajado, de haber pagado impuestos, después de haber criado a los españoles que siguen haciendo de España un país fuerte y próspero para nuestros compatriotas, ¿no se merecen que los atiendan primero?, ¿no teníamos la mejor sanidad del mundo?
-
Les propongo otra situación que, por desgracia, viven nuestros jóvenes:
Imagínense que su hija tiene un trabajo precario, (“curioso detalle” como la izquierda ha dejado de utilizar la palabra “precario” junto a trabajo o salario.), como le decía, imagínese que su hija ya está inmersa en el mercado laboral, tiene una relación estable y no puede comprar, ni le conceden un préstamo para una vivienda de protección oficial. Usted no puede ayudarle. Necesita una vivienda social para empezar su proyecto de vida, no hay otra opción. ¿Por qué motivo no va a tener prioridad para acceder a ella, frente a otros que no hayan cotizado o estén recién llegados?
Por los mismos motivos de los anteriores casos, se la merecen.
Atamos perros con longanizas. ¿Por qué los españoles toleramos esto?, ¿Por qué no salimos a la calle a defender un trato justo para con nuestros mayores?, ¿por qué no nos preocupamos por nuestros vecinos, sean nacidos aquí o no, que al igual que nuestras familias se han esforzado para conseguir estos logros colectivos?, ¿Dónde está nuestro orgullo patrio?
Se habrá dado cuenta, querido lector, que en este artículo de opinión he sido más contundente de lo habitual. Pero es que, las injusticias son tan evidentes que uno ya no puede pasarlas por alto. Para finalizar esta reflexión me gustaría enlazar con el principio.
Aunque el cartel de James Carville era un recordatorio interno, la frase se convirtió en un lema no oficial y la prioridad nacional debería lograr lo mismo.
Como siempre, si ha llegado hasta aquí, gracias por su tiempo y atención.












