Enrique Arias Vega: La moda del acoso
En los últimos meses se ha producido más denuncias por acoso y abuso sexual que en los anteriores diez años. Muchas pueden ser las causas, desde que ha aumentado las agresiones a que las víctimas han perdido el miedo de acusar a sus atacantes. En cualquier caso, hay una moda de acoso sexual que, afortunadamente se está corrigiendo con rapidez y contundencia, eso sí, poniendo en cuestión muchas veces el principio de la presunción de inocencia.
No es un tema baladí, aunque soy el primero en creer que hay que ser intolerantes con este tipo de delitos tan arraigado en la sociedad. También creo que muchas veces las penas atribuidas a estas actuaciones no son tan rigurosas ni ejemplares como debieran ser.
Dicho esto, la infamia de las conductas sexuales erróneas o perversas es algo que queda adherido a las personas y de difícil reparación en el caso de su inocencia.
Ahí tenemos, si no, el ejemplo de Íñigo Errejón, que después de haber hecho correr ríos de tinta, lleva a la fiscalía a posicionarse contra su imputación por no haber pruebas suficientes contra él. ¿Cómo se resarce, en este caso el mal causado?
No pongo en cuestión que en la mayoría de los casos las denuncias sean reales, por difíciles que sean de demostrar. Tampoco ignoro que seguramente hay muchísimos más casos de malas conductas sexuales de los que llegan a la luz pública. Pero también creo, como digo, que hay una especie de moda en usar estos delitos para aniquilar al adversario y que, frente a miles de casos reales, una sola denuncia injusta causa problemas de difícil resolución.










