Sufrir y disfrutar a la vez. Eso consigue Bruno Gimeno en todos aquellos que lo ven torear. Y no es raro que se den esas sensaciones antagónicas, porque para él, torear es “disfrutar del miedo”. El joven novillero valenciano tiene el don de poner un pie en la arena y con su arte, desparpajo y su forma única de torear consigue emocionar a la grada. Poco a poco se va abriendo camino en el mundo taurino con ambición, valentía y pasión, pero, sobre todo, con los pies en la tierra.
Trayectoria de Bruno Gimeno
A los 12 años Bruno descubrió la Escuela Taurina de Valencia, y desde entonces no ha dejado de entregar su vida al toro. Su pasión nació sola, no fue una herencia familiar, él solo descubrió lo que realmente le gustaba. “Nadie me llevó a una corrida de toros. Lo primero que vi fueron ‘els bous al carrer’, y desde entonces supe que yo quería torear”, cuenta Bruno. Sus padres tuvieron que asumir que para su pequeño el toro era su vida. “Al principio me dijeron que estaba loco, pero luego aceptaron que era lo que a mí me hacía feliz”, recuerda.
La primera vez que se plantó delante de un becerro fue con 12 años en un tentadero que organizaba Román. Pisó la arena con una sonrisa y lo dio todo. Cuatro años después, debutó de luces en una corrida junto al Maestro Morante de la Puebla y Pablo Aguado. Y hace apenas unos pocos días Bruno dio un paso más en su carrera al enfrentarse a un toro a puerta cerrada en Sevilla. En ese momento el novillero recordó aquella primera vez frente a un becerro: “He ganado en técnica, en ganas y en ilusión, mucha más de la que tenía al principio”. Hoy ya suma varios trofeos, entre ellos el más reciente: el III Trofeo “El Angosto” al mejor novillero en Alcoroches.
Constancia, implicación y sacrificio
Si hay algo en lo que destaca Bruno Gimeno es en constancia, implicación y sacrificio. Tres palabras que no solo definen su día a día, sino también la clave de su éxito. Desde que se levanta hasta que se acuesta, su vida se la dedica al toro: “El toro exige implicación, y tienes que entrenar y estar metido para conseguir lo que quieres”, expresa. Por eso su objetivo es claro: “Mi vida es el toro y quiero que lo siga siendo muchos años más, y creo que todavía no he pasado ni por un cuarto de lo duro y sacrificado que es este mundo”.
Pero más allá del esfuerzo físico y la entrega absoluta para conseguir todo aquello que se propone, Bruno ha encontrado en la plaza algo que considera fundamental para poder mejorar: la autocrítica. Para él, ser la mejor versión cada día va de la mano de aceptar las críticas, y asumir con humildad, que siempre hay algo en lo que mejorar.
“Tengo que mejorar un millón de cosas, pero tengo la virtud de querer verme los fallos, corregirlos y seguir aprendiendo, siempre con los pies en la tierra”, reflexiona.
A pesar de su juventud, la plaza ha sido su mejor escuela. En cada novillada, en cada tarde de entrenamiento, Bruno va forjando su carácter y consolidando unos valores que van más allá del toreo: compromiso, valentía, constancia y ambición. Porque, como él mismo dice, “como eres como persona, lo transmites en la plaza”.
Novillada del 12 de marzo: una nueva versión de Bruno Gimeno
Bruno ya sabe lo que es torear en Valencia, pero hacer una novillada el miércoles 12 de marzo en plenas Fallas, fue un sueño hecho realidad. Horas antes se mostraba tranquilo y con ganas de disfrutar: “Estoy tranquilo porque cuando entrenas y vas con los deberes hechos, lo afrontas con tranquilidad”. Y así salió a la plaza: decidido, entregado y dispuesto a darlo todo.
La novillada tuvo momentos de sufrimiento, de emoción, con un Bruno valiente y fiel a su estilo: un toreo lento, puro y buscando siempre el arrimón con el novillo. Hubo aciertos y errores, y aunque el propio novillero admitió que iba con mucha presión y no todo salió como esperaba, sí que cumplió con su objetivo: poner la piel de gallina al público. Es más, su esfuerzo tuvo recompensa: una oreja y el reconocimiento de una plaza que, entre aplausos y flores, supo valorar su entrega y trabajo.
Un futuro prometedor para Bruno Gimeno
Para Bruno Gimeno, el miedo no es un enemigo, sino un compañero de viaje en su camino. Lo enfrenta y lo transforma en motivación. «Me siento afortunado de sentir el miedo al torear», asegura. Porque en la plaza, más allá del peligro, encuentra la emoción que da sentido a su vocación.
El niño de 12 años que entró a la Escuela Taurina de Valencia con ganas, ilusión y expectativas altas, hoy puede sentirse orgulloso. Aquel niño que toreaba en casa con una toalla, imaginando que estaba en una plaza con una gran sonrisa en la cara, ha dado paso a un joven que ha convertido esos sueños en realidad. Y lo más especial es poder emocionar a ese niño que admiraba, y admira, a grandes como Roca Rey, Morante de la Puebla o José Tomás.
«Lo más bonito es ver que he cumplido el sueño que tenía de pequeño y saber que todavía tengo más por cumplir. Sé que llegará el día en el que recuerde este momento y diga lo mismo que estoy diciendo ahora, pero habiendo cumplido otro sueño», confiesa. Para conseguirlo, Bruno mantiene que “hay que luchar cada día, sin dejar que nadie te diga cuándo, cómo ni por qué. Todo se consigue con esfuerzo, poniendo un granito de arena cada día hasta hacer realidad lo que tienes en mente».
Su siguiente reto e ilusión ya tiene fecha. En agosto Bruno debutará con picadores, y a partir de ahí, el objetivo es claro: ser matador de toros. El camino no es fácil, pero tiene clara su mentalidad: “Yo me repito a diario que tengo que dar el cien por cien todos los días y cuando llega un momento importante el doscientos por cien”.
Con la ayuda de su familia, de sus apoderados los hermanos Martí (Ganadería Paco Martí) y la peña taurina de Sedaví, Bruno vive el presente y sueña en conseguir su futuro como torero.










