En los habituales rifirrafes en el Congreso de los Diputados, el Presidente, Pedro Sánchez, vino a decir que el PP tenía una letra del abecedario para cada caso de corrupción, desde la A de Ayuso, hasta la Z de Zaplana.
La frase evidencia las ganas de meterse con la presidenta de la Comunidad de Madrid, que no está imputada en caso alguno. Eso es algo que hacen loa corifeos de La Moncloa en todos los frentes. Ahí tenemos, si no, el caso del fiscal general del Estado —él sí acusado por el Supremo— filtrando correos del novio de Ayuso, en un intento de perjudicarle y, con él, a su compañera.
La obsesión por la presidenta madrileña bate todos los récords. Hasta en el caso de la contratación por Nacho Cano para su musical Malinche él mismo reconoce que si no hubiera sido por su amistad con la presidenta no le hubiera pasado nada.
Otra de las características de la acción contra Isabel Díaz Ayuso es la de querer enfrentarla con el presidente de su partido, Alberto Núñez Feijóo, atribuyéndole a la política un ascendiente sobre el líder, llamándola jefa, a cuyos dictados se plegaría el político gallego.
¿De dónde proviene, pues, esta obsesión y este odio a la presidente madrileña por las instituciones del Estado? Eso es debido a que la Comunidad de Madrid es de las más prósperas, donde crece el PIB más que en el resto, donde no sube tanto la inflación y donde una disminución de impuestos deja más dinero a los ciudadanos en los bolsillos. O sea, que se trata de una política contraria a la del Gobierno manirroto, que tanto éxito produce y que ha convertido a Ayuso en una persona maldita a los ojos de La Moncloa.










