Enrique Arias Vega: Las hijas de Zapatero
En su defensa judicial, José Luis Rodríguez Zapatero ha conseguido meter a sus hijas, Alba y Laura, como imputadas en delitos de organización criminal, tráfico de influencias y blanqueo de capitales.
Cabe suponer que dicha dejada al pie de los caballos ha sido sin querer. Pero es lo que le ha pasado por el embrollo inicial de sus escasas declaraciones ante el juez. Ha reconocido que impuso a su amigo Julito Martínez, el implicado en el caso Plus Ultra, que la empresa Análisis Relevante, para la que hacía trabajos el ex presidente, contratase a sus hijas con tareas de chichinabo por las que cobraban un pastón. De ahí, a inferir que la empresa de las chicas fuese una tapadera para blanquear dinero sólo hay un minúsculo paso.
No se trata, pues, de que las hijas de nuestro prohombre hayan sido imputadas en razón de su parentesco, sino por causa de una presunta actividad criminal. Bien está que un padre se preocupe por el bienestar material de sus vástagos, pero involucrarles en una acción delictiva no es de recibo.
Podríamos decir algo parecido de otros parientes, los del Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que están acusados no en razón de su vínculo, sino de su propia actividad sospechosa, ya sean David Sánchez y su puesto en el conservatorio de Badajoz, o Begoña Gómez y sus actividades en la Universidad Complutense.
En cualquier caso, lo que sí es significativo en el entorno del socialismo es que parientes de altos cargos o de personajes relevantes dentro del partido supuestamente se beneficien de esa relación para actividades non sanctas que acaban poniendo todo el sistema democrático en cuestión.










