Las olas de calor son cada vez más intensas, frecuentes y duraderas, consolidándose como uno de los efectos más visibles del cambio climático. Según José Miguel Viñas, experto de Meteored España, a este fenómeno se suma un nuevo patrón conocido como los «trenes de olas de calor», una sucesión de episodios de temperaturas extremas con muy poco margen de recuperación entre ellos que está caracterizando los veranos más recientes.
¿Qué son los «trenes de olas de calor»?
Aunque las olas de calor siempre han formado parte de los veranos españoles, su comportamiento ha cambiado de forma significativa durante las últimas décadas.
Los episodios de temperaturas extremas no son un fenómeno nuevo, pero ahora son más persistentes, intensos y frecuentes.
En amplias zonas del interior de la mitad sur peninsular, especialmente en Andalucía, superar los 40 grados era anteriormente un hecho puntual durante unos pocos días al año. Sin embargo, estas temperaturas se han vuelto habituales y, además, suelen ir acompañadas de noches tórridas en las que los termómetros apenas bajan de los 25 grados, dificultando el descanso y evidenciando un cambio en el patrón climático.
Episodios cada vez más intensos y seguidos
Más allá de la percepción ciudadana, los registros meteorológicos confirman que las olas de calor actuales son más intensas y se producen con mayor frecuencia.
Además, estos episodios tienden a encadenarse, dejando muy poco tiempo para que las temperaturas vuelvan a valores normales.
Esta nueva dinámica ha dado lugar al concepto de «trenes de olas de calor», un término que describe la sucesión de varios episodios de calor extremo, de forma similar a los llamados «trenes de borrascas», cuando varias depresiones atmosféricas se suceden en un corto periodo de tiempo.
El cambio climático y otros factores
El incremento de la intensidad y la duración de las olas de calor ha situado este fenómeno en el centro de la investigación científica.
Europa figura entre las regiones más afectadas y la principal explicación apunta al calentamiento global, que favorece episodios de calor extremo cada vez más frecuentes e intensos.
No obstante, además del cambio climático, los investigadores estudian el papel que desempeñan otros factores atmosféricos, como los bloqueos atmosféricos, las alteraciones del chorro polar, la denominada «mancha fría» del Atlántico Norte o la reducción de aerosoles contaminantes, elementos que podrían contribuir a intensificar estos episodios de calor extremo.









