Estamos en la era de lo digital y resulta muy frecuente leer noticias sobre el lanzamiento de modernos videojuegos, con avanzados gráficos y entornos novedosos, como la realidad virtual o la realidad aumentada. Hasta aquí, todo tiene bastante sentido. Lo que se antoja curioso es que, en esta misma época, otro tipo de entretenimientos, de corte más clásico y formato históricamente analógico, también estén consiguiendo un notable éxito.
Concretamente, hablamos de los juegos de mesa. Con más de 5000 años de antigüedad, parecen estar viviendo una segunda juventud. Un auge que, en gran medida, tiene que ver con el público adulto. Ejemplo de ello son los planes con amigos que incluyen estos juegos para pasar una tarde de fin de semana. Así, nombres de juegos como Virus!, Carcassonne, Catan o Exploding Kittens hoy resultan muy reconocibles para el gran público.
Estos se suman a otros más tradicionales que ya han alcanzado la categoría de clásicos, como el Risk, el parchís o Monopoly, que actualmente se encuentran tanto en formato físico como digital. Y es que esta modernización está a la orden del día: ocurre con algunos “incunables” de los naipes, al estilo del Blackjack; que también dio el gran salto al mundo online a través de portales como LeoVegas Spania y otras plataformas.
Se presenten con uno u otro formato, los juego de mesa cada vez tienen mayor repercusión. Sin ir más lejos, la Comunitat Valenciana ha acogido algunas citas con importante afluencia de aficionados a este tipo de entretenimientos. Una de las más recientes, la de Quart de Poblet, el pasado mes de mayo, mediante la celebración de la XVIII edición de JESTA, con 719 personas inscritas y 137 juegos diferentes disponibles en su ludoteca.
Es una muestra más del buen estado de salud de esta industria. Pero uno de los principales indicadores son las cifras de negocio. Según afirma el portal Fortune Business Insights, el valor del mercado de los juegos de mesa, a nivel mundial, estaría cercano a los 16 mil millones de dólares el pasado 2025. Y las previsiones lo situarían en unos 17,5 mil millones para este 2026, y rozando los 40.000 millones de cara al 2034.

Este escenario no responde a un desencadenante aislado. Concurren diferentes factores. Entre ellos, una mayor variedad de títulos disponibles (actualmente, más de 100.000, contando clásicos y modernos), junto con la presencia de nuevos comercios especializados. Pero, claro, aquí es complejo establecer si hablamos de causa o consecuencia: ¿se publican más juegos porque se venden más o se venden más porque el catálogo es mayor?
Lo cierto es que, a diferencia de lo que ocurría en el pasado, cuando sólo las grandes editoriales y compañías del sector lanzaban estos productos, las nuevas fórmulas de financiación, como los crowdfunding, permiten que se democratice el desarrollo de juegos de mesa. En diversas ocasiones, hablamos de entretenimientos creados por verdaderos apasionados de este ecosistema, que entienden bien lo que el usuario ansía.
Por otra parte, está el ámbito del gasto para dicho usuario. La mayoría de los juegos de mesa son artículos “reutilizables”; es decir, que la compra del producto sirve para varias ocasiones. Pongamos, por ejemplo, un aficionado que adquiere el juego Virus! Puede organizar partidas con los amigos en varias ocasiones, sin una inversión mayor. O puede comprar (él u otro miembro del grupo) extensiones del mismo título. O, cada uno, incorporar su propia compra.
Junto con los motivos ya mencionados, están otros tantos, como un cambio de costumbres en el tiempo de ocio de los adultos, con menor interés por las salidas nocturnas, a favor de las ya mencionadas reuniones con amigos de tarde. O el siempre atractivo componente de la socialización que aportan los juegos de tablero. Unos y otros factores han impulsado esta industria y la han llevado a una nueva edad de oro en el presente siglo XXI.
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