Hace unas semanas se filtró el anteproyecto del nuevo Estatuto Marco, la normativa básica que regula las relaciones laborales de los profesionales sanitarios y no sanitarios del Sistema Nacional de Salud. El actual Estatuto, vigente desde 2003, ha quedado obsoleto, por lo que se han iniciado negociaciones entre el Ministerio de Sanidad, las organizaciones sindicales y las comunidades autónomas para su actualización. Además, hay que destacar que el documento filtrado es un borrador sujeto a modificaciones antes de su aprobación definitiva, que deberá pasar por el Consejo de Ministros y posteriormente debatirlo en el Congreso de los Diputados.
Sin embargo, el contenido del borrador ha generado gran preocupación en el colectivo médico, ya que plantea la eliminación de derechos adquiridos en las últimas dos décadas. Así lo ha expresado José Lull, delegado del sindicato CSIF en el Departamento de Salud de Gandía, quien advierte que el texto supone un retroceso en las condiciones laborales del personal sanitario.
Si bien el sector reconoce la necesidad de actualizar el Estatuto Marco, José Lull insiste en que no debe hacerse a costa de los derechos de los trabajadores, sino con el objetivo de mejorar sus condiciones laborales y garantizar una sanidad de calidad. «Aunque es necesario actualizar el Estatuto Marco, no debe hacerse con prisas. Si se hace con prisas, difícilmente dará como resultado una normativa sólida y duradera para las próximas dos décadas», señala.
Un retroceso en los derechos conseguidos hasta ahora
Uno de los puntos más polémicos del borrador es la regulación de la jornada laboral y los descansos. Lull ha manifestado su preocupación por el posible incremento de la carga de trabajo y la reducción del tiempo de descanso, lo que afectaría no solo a los sanitarios, sino también a la calidad de la atención médica. “No podemos permitir que se impongan jornadas interminables en las que los descansos no se respeten. La profesión médica es una de las más expuestas a problemas de salud mental. Trabajamos con personas y nuestras decisiones pueden salvar o perjudicar vidas, por lo que debemos estar en plenas condiciones para ejercer”, destaca.
Otro motivo de preocupación entre los profesionales sanitarios es la falta de reconocimiento de su formación y el esfuerzo académico que requiere la profesión médica. “El grado de Medicina no solo implica 360 créditos, sino también una especialidad de al menos cuatro años. No se valora la preparación que necesitamos para ejercer”, subraya Lull.
Otra de las medidas que ha generado mayor indignación entre los profesionales sanitarios es el endurecimiento del sistema de incompatibilidades, que restringe la posibilidad de compaginar la actividad pública con la privada. En concreto, el borrador establece que los jefes de servicio y de sección no podrán ejercer en la sanidad privada y sanidad pública al mismo tiempo, además de que los médicos adjuntos deberán trabajar durante los primeros 5 años en la sanidad pública.
Esta limitación, advierten los sanitarios, podría provocar una fuga de talento joven en lugar de fomentar su permanencia en el sistema público. “Fidelizar a la gente no es cuestión de castigarla si no cumple, sino de premiarla cuando lo hace bien”, sostiene Lull.
¿Cuál es el presente y el futuro del Estatuto Marco?
Para José Lull, desde un primer momento, el Ministerio de Sanidad no ha gestionado correctamente la negociación con los sindicatos. “Han lanzado un globo sonda para ver la reacción de la opinión pública, en lugar de centrarse en la negociación con los implicados”, indica.
Y aunque existe voluntad de diálogo, el documento presentado está «muy verde» y no puede ser la base sobre la que se estructure el nuevo marco normativo. “No creemos que el borrador inicial sea algo sobre lo que haya que trabajar, porque está muy verde. Eso no puede ser algo que solo necesite unos retoques, sino que requiere una revisión completa”, afirma. Además, insiste en que “para nosotros, el punto de partida es el documento de hace 20 años, y todo debe mejorar a partir de ahí, no retroceder”.
A pesar de la falta de consenso, Lull reconoce que los representantes sindicales se han sentido escuchados, aunque señala que la Administración es un «interlocutor duro». «Nos tienen que escuchar porque representamos al conjunto de los trabajadores. No nos pueden ignorar», subraya.
Por el momento, la negociación sigue abierta, pero los sindicatos han dejado claro que no aceptarán un Estatuto que no garantice mejoras en las condiciones laborales del sector. “Sin el personal sanitario, la sanidad no tiene sentido. Esto tiene que mejorar sí o sí, porque no tener sanidad, no le conviene a nadie”, reflexiona.











