¿Qué relación existe entre lo que comemos, los microorganismos que habitan nuestro intestino y procesos como la memoria, la atención o el estrés? Esta conexión constituye una de las líneas de investigación en las que trabaja AINIA, que, con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, que se celebra el próximo 10 de octubre, pone el foco en los proyectos NeurOmics y Disbiosis II.
Ambas iniciativas abordan estas relaciones desde perspectivas complementarias y parten de una visión integradora de la salud, en la que alimentación, metabolismo, microbiota intestinal y distintas respuestas biológicas forman parte de un sistema interconectado. El objetivo es comprender mejor estas relaciones y generar evidencias que permitan identificar los mecanismos implicados.
Desde AINIA señalan que este ámbito de investigación no pretende atribuir a un alimento o a un microorganismo concreto un efecto directo sobre el bienestar mental, sino estudiar una red compleja de interacciones biológicas en la que intervienen numerosos factores.
La conexión entre alimentación y organismo
La relación entre alimentación y salud no termina en los nutrientes que contiene un alimento. Tras la ingesta comienzan procesos de digestión y metabolismo en los que también participa la microbiota intestinal, una comunidad de microorganismos cuya composición y actividad pueden verse condicionadas, entre otros factores, por la dieta.
Los compuestos derivados de estos procesos pueden interactuar con diferentes órganos y sistemas. Entre las líneas de investigación se encuentra la conexión entre el intestino y el cerebro y el papel que desempeñan en ella la alimentación, la microbiota y los metabolitos generados durante su actividad.
Se trata, además, de un ecosistema dinámico y sujeto a una elevada variabilidad individual. La alimentación constituye solo uno de los factores que pueden intervenir, junto con la edad, el estilo de vida, el entorno o las características propias de cada persona. Esta complejidad hace necesario estudiar estas relaciones mediante aproximaciones multidisciplinares.
NeurOmics estudia alimentación, cognición y estrés
Una de las iniciativas en las que participa actualmente AINIA es NeurOmics, una red colaborativa científico-tecnológica financiada por el Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial (CDTI), del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, en el marco del programa de Redes de Excelencia CERVERA.
El proyecto integra tecnologías ómicas, inteligencia artificial y nutrición de precisión para desarrollar y validar ingredientes y alimentos funcionales orientados a investigar la salud cognitiva, la memoria, la resiliencia y la gestión del estrés.
La red está coordinada por CNTA y cuenta con la participación de AZTI, AINIA, ANFACO-CYTM A, Eurecat y ASINCAR. Su objetivo es generar nuevo conocimiento científico sobre estas relaciones mediante la combinación de nutrición, biotecnología y tecnologías avanzadas.
El enfoque busca profundizar en los procesos que pueden producirse entre el consumo de determinados componentes de la dieta y la respuesta del organismo, más allá de observar únicamente posibles efectos. A medio y largo plazo, estos avances pueden contribuir a reforzar la base científica para investigar y desarrollar nuevos alimentos e ingredientes relacionados con la salud cognitiva y el bienestar.
Disbiosis II pone el foco en la microbiota intestinal
Esta investigación se complementa con el proyecto Disbiosis II, con el apoyo del IVACE y financiado por la Unión Europea a través del Programa FEDER Comunitat Valenciana 2021-2027. La iniciativa centra su atención en la microbiota intestinal y su relación con diferentes funciones y órganos.
Cuando se altera el equilibrio de esta comunidad microbiana, un fenómeno conocido como disbiosis, el interés científico no se limita a identificar qué microorganismos están presentes. También se analiza su actividad, los metabolitos que generan y cómo estos pueden interactuar con diferentes tejidos y sistemas.
Ambos proyectos forman parte de una línea de investigación más amplia de AINIA que incluye modelos avanzados in vitro de digestión, fermentación colónica y respuesta celular, además de técnicas ómicas. El objetivo es estudiar la funcionalidad biológica de alimentos e ingredientes y su relación con la microbiota y distintos órganos diana para trasladar estos avances a la industria alimentaria.









