“No se puede apelar a la cogobernanza del ocio o el turismo cuando el retorno de la actividad económica se traduce exclusivamente en un empeoramiento de las condiciones de vida de quienes habitan la ciudad”
Con motivo de la celebración del Día Internacional de Concienciación sobre el Ruido, la Federació d’Associacions Veïnals de Valencia (FAAVV) insiste en la necesidad de situar la contaminación acústica en el centro del debate político y social. Para el movimiento vecinal organizado, el ruido no puede seguir considerándose un peaje inevitable de la actividad urbana, sino una agresión directa a la salud pública y una vulneración de derechos fundamentales, como son el derecho a la salud y a la intimidad personal y familiar.
La Federación Vecinal de València subraya que el incumplimiento sistemático de los límites de emisión sonora está generando un grave deterioro en la calidad de vida de las personas que residen en los barrios.
- “El ruido enferma. No es una opinión, es una realidad científica avalada por organismos sanitarios”, señala la presidenta de la FAAVV, María José Broseta.
La exposición continuada a niveles de ruido superiores a los permitidos deriva en problemas cardiovasculares, trastornos del sueño, estrés crónico y fatiga mental. Cuando las normas que limitan estas emisiones se ignoran, se está produciendo una agresión a la integridad física y constitucional de la ciudadanía, señalan desde la entidad vecinal.
Cumplimiento de la normativa
Desde el movimiento vecinal se defiende que la solución no puede pasar simplemente por la búsqueda de supuestos consensos, sino por la aplicación rigurosa de la legalidad vigente. La FAAVV advierte que el diálogo entre promotores de ocio y vecindario no se produce en un plano de igualdad: mientras unos defienden el lucro económico, otra parte hablamos de proteger la salud y el derecho al descanso en el propio hogar.
Pretender construir consensos basados en la tolerancia al ruido es un error de base. No se trata de apelar a la tecnología para enmascarar el ruido, sino de que los focos emisores se limiten a cumplir las regulaciones.
Mercantilización abusiva de la ciudad
Asimismo, la Federación Vecinal muestra su preocupación por la degradación que sufren numerosos barrios de València debido a una mercantilización abusiva de la ciudad. El espacio público, concebido para la convivencia y el uso ciudadano, está siendo progresivamente ocupado por actividades de ocio y turismo que asfixian el uso residencial.
- El malestar por contaminación acústica es un problema en aumento en la ciudad y el Ayuntamiento parece conformarse con medidas claramente insuficientes, como permitir terrazas a la una y media de la noche en espacios saturados de ruido, como es el caso de Ruzafa.
Son medidas que evidencian una gestión complaciente con los excesos. “No puede ser que se siga retirando mobiliario público como bancos para sentarse, para favorecer la expansión de terrazas privadas de bares. La Administración debe ser garante del interés general”, destaca Broseta.
La FAAVV reclama medidas preventivas que se anticipen al problema, no medidas supuestamente paliativas cuando el ruido ya es un conflicto social y judicial.
Hacia una convivencia real
Para la FAAVV, es imperativo hablar sinceramente de poner límites, límites a la ocupación de la vía pública, a los decibelios permitidos y a la proliferación de alojamientos turísticos en viviendas residenciales. “No se puede apelar a la cogobernanza del ocio o el turismo cuando el retorno de la actividad económica se traduce exclusivamente en un empeoramiento de las condiciones de vida de quienes habitan la ciudad”, ha explicado la presidenta de la Federación.
El movimiento vecinal de Valencia reafirma su compromiso con una ciudad viva, pero insiste en que la sostenibilidad urbana solo es posible si se respeta, por encima de todo, el derecho de los residentes a vivir en un entorno saludable.












